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06/10/2005

Via Crucis

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06/10/2005 14:20 Enlace permanente. Tema: Imágenes en silencio No hay comentarios. Comentar.

Via Crucis

Trata de blancas, Sorolla - 1912.jpg

No he encontrado la foto. En su lugar pongo esta otra: “Trata de blancas” (1894). Maruja Torres habla en su columna del 6 de octubre en el País de un cuadro de Sorolla que se encuentra en un hotel de Miravent(Palma de Mallorca), concretamente el Nixe Palace. Han sido muy amables dándome el título cuando les he llamado: “Tipo soriano” de 1912. Cuando buscas en el google “tipo soriano” te sale una barbaridad de cosas, curiosamente casi todas en italiano. Soriano, en la lengua de Dante, es el nombre con el que se conoce a los gatos comunes. Toda mi pantalla llena de bigotes y maullidos. Me parece demasiado volverles a llamar y pedirles que me hagan una foto digital y me la envíen.
Sorolla nace en Valencia en 1863. En la página web del Museo Sorolla comentan ante sus escasas pinturas de realismo social, que era temática obligada en los certámenes, de ahí que de vez en cuando encontremos alguna entre sus cuadros a orillas del mar, llenos de luz, instalado en sus lienzos el ocio y un sol que invita a la siesta.
El “Tipo soriano” debió de presentarse en algún certamen, tal vez es un viejo, o joven, de mirada cansina y rostro demacrado, campesino, obrero, pobre en cualquier caso, porque Maruja lo saca a relucir mientras mira lo que sucede en las fronteras de Ceuta y Melilla. No hace tanto nosotros huíamos así de nuestra tierra. Sí, claro, no es lo mismo. He llegado a escuchar a un gallego que lo suyo no fue emigración: “yo no cambié de país, me quedé en el mismo”, aunque me gustaría escuchar lo que le hubiera respondido cualquier nacionalista (me da igual de qué nación). También he oído decir que los emigrantes que vienen con papeles, con contrato y todo eso, son bienvenidos, pero los que llegan así, de ilegales, sólo pueden venir a robar o a traficar con droga, aunque lo mejor que he registrado fue uno que dijo sentir asco al ver a una negra rebuscando en la basura. “Yo entiendo que allá no tengan de nada, pero para que vengan aquí para hurgar en la basura, mejor se quedan en su país”. Tal vez no tengan basura, se la comen toda, debí responder, pero en lugar de eso me enzarcé en una discusión que acabó en taquicardia y, por supuesto, desacuerdo. Bueno, todos estaban de acuerdo en que yo no tenía razón.
Antes de leer a Maruja Torres tenía una imagen de todo esto, me imaginaba a un africano saltando la valla, acribillado a tiros por los dos bandos, cayendo al vacío hasta que los alambres le detienen y queda allí colgado. Sangrando con llagas en las manos, en la frente, en la cara… como un Jesucristo puesto al día.

06/10/2005 14:22 Enlace permanente. Tema: Del ancho mundo y de la estrecha mente No hay comentarios. Comentar.

17/10/2005

Caminito del agua

la fuente.jpg

El agua de Montejo viene de Pedro, Pedro no es ningún señor, Pedro es un pueblo de la comarca, un pueblo escondido entre los montes de la Sierra Pela, con una ermita de origen visigodo y un manantial de agua que es un primor. En pleno agosto, bajo el sol tórrido y seco de la meseta, los pies dentro del agua se te ponen morados de puro frío. Pedro tiene el don del agua, y con él un abrigado manto de huertos y árboles que le dan frutos y vida.

Aunque no creo que una cosa tenga relación con la otra, el año en que yo nací canalizaron el agua del manantial y la hicieron llegar hasta Montejo. Se asfaltaron las calles y se hicieron alcantarillas y cada vez que llovía el agua corría calle abajo en vez de encharcarse. Hasta entonces las mujeres iban a la fuente a recoger el agua. Lo que son las novedades, aunque el agua fuera la misma, sabía más rica del botijo que se llenaba en la fuente que no si se llenaba del grifo, y una de las tareas que más nos gustaba hacer a los niños era ir con el botijo vacío hasta la fuente y escuchar el eco del agua llenando el recipiente de barro. El premio era el prestigio de volver por las calles con el botijo lleno cambiando de lado el peso a cada esquina, sonriendo a los vecinos sin mostrar esfuerzo. Otro ritual era el de echarse un trago. En las comidas el protagonista era el vino, y la bota su vehículo. Mi tío jugaba a impresionarme y a fe que lo conseguía. Alzaba el cuero por encima de la cabeza y lo inclinaba sobre sí. El chorro le daba de lleno en la frente, y un río de sangre le bajaba por el entrecejo en camino hacia el labio superior, y de ahí a la garganta. Como no tenía bastante con la acrobacia, permanecía tiempo con el brazo estirado. Yo pensaba que iba a ahogarse, pues para mí respirar y tragar eran indivisibles. Cuando le imitaba (sin la proeza de la frente, sino directamente al gaznate) debía hacer esfuerzos, primero, para sujetar el botijo por encima de la cabeza, y después para no atragantarme.

La fuente, además, era refugio apartado, quedaba por debajo de la iglesia y del frontón, enfrente de la fragua y camino del cementerio, un lugar ideal para jugar a cartas sentados en cuclillas y descubrir el color de las braguitas de las niñas. También hacíamos espiritismo, contábamos historias de miedo y jugábamos a verdad, acción o beso. Las bicis esperaban en el suelo su turno para las carreras, y los renacuajos nadaban tranquilos ante la pausa que les dábamos. El pilón de la fuente había sido abrevadero, pero con los años, después de que prohibieran que los animales atravesaran el pueblo, había quedado en desuso. Los renacuajos proliferaban ya que su único depredador éramos nosotros, cazadores avispados que enseñábamos sus cuerpos como triunfos y observábamos su transformación en rana con la misma inquietud que a nosotros nos llegaba la adolescencia.

Verdad, acción o beso. Las chicas elegían la verdad, pero nos mentían, los chicos elegíamos acción para demostrar nuestro valor llamando a la puerta del estanquero a altas horas de la noche y escurriéndonos por los callejones. El beso, siempre se dejaba para el final, era el regalo secreto. El pilón fue testimonio de besos furtivos y de espectáculos corales, como el de Miss y Mr camiseta Mojada – Montejo de Tiermes antes de que ninguna discoteca lo utilizara de reclamo en sus noches de viernes. En vez de llenar globos de agua y echárnoslos encima, cogíamos entre todos a uno, o a una, y acabábamos con él en el pilón. Cuando la rueda comenzaba sabíamos que no pararía hasta que todos y cada uno hubiéramos pasado por el agua. Los renacuajos, pobres, se escondían debajo de las piedras, y nosotros removíamos el fondo.

La fuente está muy cerca de la plaza, así que en fiestas no es espacio para confidencias de tan concurrido que está. Algún año, incluso, la peña se ha hecho en la fragua, justo en frente, por lo que la proximidad del pilón y el elevado consumo de alcohol hacen más que probable que más de uno acabe la fiesta mojado por dentro y por fuera. “¡Al pilón, al pilón!” es la frase que se corea cuando los músicos son malos, o se quieren ir a dormir demasiado pronto o dedican demasiadas canciones a los del pueblo de al lado, pero que yo sepa, nunca se ha tirado a ningún músico. Los que sí han caído, casi por sistema, son los que llegan nuevos cada año. Amigos de amigos, catalanes o madrileños, es fácil llevarles hasta la fuente, hacerles sentar en el pilón y en un descuido, hacerles pasar por el ritual de iniciación, un bautismo de agua y ron.

La fuente tiene todas las épocas. Pero tal vez el recuerdo más definido es uno que se mantiene sin importar los años. Es el del silencio que habita al final de las escaleras donde jugábamos a cartas, el silencio como una roca, y el agua como una raíz o como un silbido que se abre paso.

25/10/2005

Caminito del agua II

20051025125530-images-jpg

XXIII

—¡Buenos días! —dijo el principito.
—¡Buenos días! —respondió el comerciante.
Era un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por semana y ya
no se sienten ganas de beber.
—¿Por qué vendes eso? —preguntó el principito.
—Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se
ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
—¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
—Lo que cada uno quiere... "
"Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos —pensó el principito— caminaría suavemente hacia
una fuente..."

A. De Saint - Exupéry





Tiermes

La comarca de Tiermes se encuentra en la provincia de Soria. Una pequeña esquina en el ancho mundo, uno de esos lugares donde todavía es fácil perderse.
Y lo más difícil, encontrarse




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