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13/02/2006

San Cipriano y la Tarara

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A estas alturas cualquiera que haya ojeado este blog se puede preguntar: ¿y qué tiene que ver Tiermes con Marruecos? Bien, bueno, me encanta que me hagan esa pregunta, por eso mismo me la hago yo. Resultaría un tanto ridículo venir con el cuento de la huella árabe en Castilla, que la hay, como huellas de dinosaurios, pero no justificarían al ojo ajeno una relación entre Soria y el Parque Jurásico, ¿verdad? Me temo que es una percepción emotiva y por tanto subjetiva. Como lo de considerar la comarca de Tiermes el paisaje de mi infancia cuando en realidad sólo he pasado los veranos y las fiestas de guardar. Y será así, pero llegaba el día en que hacíamos las maletas y los males del alma me bajaban al estómago. Mis padres achacaban mis mareos a las curvas de la carretera, al olor a tapicería y tabaco del 850, pero la angustia empezaba la noche antes, cuando hacíamos la ronda por las casas de la familia para despedirnos hasta el año que viene. Por eso aprovechábamos la última noche jugando al bote en la plaza o comiendo pipas en el portalejillo. Y al amanecer, sin apenas haber dormido, me atrincheraba en el asiento de atrás mirando al pueblo que se alejaba cuesta abajo y desaparecía en el último remonte. El resto del año en Barcelona, pero teniendo al pueblo como medida de todas las cosas. Y eso es algo que no se quita uno de encima tan fácilmente, aunque ni siquiera se dé cuenta.
La primera vez que fui consciente de mi Tiermescentrismo fue en un concierto de flamenco en la sala Apolo de Barcelona. No daba crédito, estaban tocando la canción que cantábamos los mozos en las fiestas del pueblo aunque, eso sí, le habían cambiado la letra. La nuestra afirmaba la santidad de nuestro patrón pese a los rumores que le atribuían las malas lenguas:

"Dicen que San Cipriano desayuna con aguardiente,
Pero a pesar de todo San Cipriano es muy decente,
San Cipriano sí, San Cipriano no, San Cipriano niño de mi corazón.

Y dicen que San Cipriano tiene dos mujeres,
Pero a pesar de todo San Cipriano es muy decente,
San Cipriano sí, San Cipriano no, San Cipriano niño de mi corazón."

Se lo comenté al amigo que me acompañaba y me miró escéptico, como si hubiera dicho una barrabasada: “Es la Tarara”, me dijo. Más tarde descubrí que Lorca había utilizado la misma composición popular para sus propias creaciones y que Camarón le había dado voz. Lo mejor de todo es que mientras escribía estas líneas se me ocurrió buscar por Internet para enlazar con la tonada, y encontré una página donde se encuentra la letra y el archivo midide la Tarara, sólo que la presentan como canción popular de Soria cuya armonía es de un tal Jean Turellier, y cuya letra, a medida que va avanzando la canción, se hace más y más picante, tal y como la que yo conocía.
Ahora me falta por saber quién era ese tal Tureillier.

22/02/2006

Carnestolendas

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El día de la tortilla no había tortilla, sino una merienda en los prados al salir de la escuela. Iban las cuadrillas con sus bolos de pan, una especie de empanada cuya masa llevaba huevo cocido y chorizo -¡casi nada!- para que los niños tuvieran en las papilas gustativas el recuerdo de la carne que no habrían de probar durante la inminente Cuaresma.

De disfraces había dos tipos. Un mozo de los que iban a llamar a quintas se vestía con un mono de trabajo que le fuera grande, y rellenaba el hueco entre su cuerpo y la tela con manojos de hierba y paja. La cara se la cubría con una careta cuya humilde confección se limitaba a agujerear la tapa de una caja de zapatos. Los niños corrían detrás de él y se aprovechaban de la poca destreza del mamarracho para propinarle patadas, golpes y piropos malsonantes, pero cuando más embriagados estaban surgían de las callejas el resto de quintos vestidos con la ropa interior de antaño, unos calzoncillos largos de esos que salen en las películas de vaqueros, y una camisa blanca por encima. Por cinturón una sarta de cencerros que anunciaba su presencia y en la mano una tralla con las que se fustiga a los animales, sólo que ahora servía para hacer correr a los pequeños que antes habían atizado al hombre de paja.

Encuentro en un artículo de Ángel Almazán titulado "La muerte del Carnaval" argumentos que certifican la defunción de la fiesta desde que “se instauró la democracia-partitocracia actual”, y cita a etnólogos de la talla de Julio Caro Baroja quien ve la fiesta desprovista de “sus encantos y turbulencias” desde que ha sido “reglamentada siguiendo criterios políticos y concejiles atendiendo a ideas de orden social, buen gusto, etc.”. Y le doy la razón, pero extiendo su defunción a la Navidad, la Semana Santa y otras fiestas de guardar que se han convertido en un espejismo ritual de lo que debieron ser, reducidas a una mezcla de vacaciones gastronómicas, unas cuantas películas en technicolor de Charlton Heston y una peregrinación por las calles de los centros comerciales para deglutir los alimentos que (te damos gracias, señor) estamos a punto de vomitar. Si algo tiene de bueno el Carnaval es que no es una fiesta oficial en el calendario aunque las rúas, chirigotas y pasacalles sean subvencionadas por las partidas presupuestarias de cultura, turismo y festejos haciendo que se pierda su espontaneidad y convirtiéndolo en “una máquina de diversión de casino pretencioso” (Caro Baroja).

Almazán asegura en palabras de Franco Cardini que las fiestas tradicionales están perdiendo su idiosincrasia al triunfar la visión lineal y homogénea del tiempo a la vez que se pierde el concepto cíclico de la Naturaleza. Bajtin utiliza también esta idea para criticar la lectura (y su complementario, la escritura) lineal y cerrada (él la denomina épica) donde no cabe interpretación, y la cuestiona frente a la estructura carnavalesca de las novelas satíricas donde las lecturas son múltiples (como múltiples son las máscaras) y cada una de ellas permite entrever una burla a la voz homogénea del discurso imperante.

Referencias aparte, a uno se le antoja que el Carnaval no está moribundo, sino que se escapó de los desfiles y no se encuentra en las rúas subvencionadas donde Clos muestra sus michelines a ritmo de salsa (Forum 2004, qué pena que no he encontrado la foto, era como ver a Homer Simpson pero sin asomo de gracia), sino que está en las carrozas del día del Orgullo Gay, en los botellones y las raves ilegales, o en cualquier otro espacio y momento donde uno pueda quitarse la careta que lleva puesta durante el resto del día.

22/02/2006 08:38 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores Hay 1 comentario.




Tiermes

La comarca de Tiermes se encuentra en la provincia de Soria. Una pequeña esquina en el ancho mundo, uno de esos lugares donde todavía es fácil perderse.
Y lo más difícil, encontrarse




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