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Via Crucis

Via Crucis

No he encontrado la foto. En su lugar pongo esta otra: “Trata de blancas” (1894). Maruja Torres habla en su columna del 6 de octubre en el País de un cuadro de Sorolla que se encuentra en un hotel de Miravent(Palma de Mallorca), concretamente el Nixe Palace. Han sido muy amables dándome el título cuando les he llamado: “Tipo soriano” de 1912. Cuando buscas en el google “tipo soriano” te sale una barbaridad de cosas, curiosamente casi todas en italiano. Soriano, en la lengua de Dante, es el nombre con el que se conoce a los gatos comunes. Toda mi pantalla llena de bigotes y maullidos. Me parece demasiado volverles a llamar y pedirles que me hagan una foto digital y me la envíen.
Sorolla nace en Valencia en 1863. En la página web del Museo Sorolla comentan ante sus escasas pinturas de realismo social, que era temática obligada en los certámenes, de ahí que de vez en cuando encontremos alguna entre sus cuadros a orillas del mar, llenos de luz, instalado en sus lienzos el ocio y un sol que invita a la siesta.
El “Tipo soriano” debió de presentarse en algún certamen, tal vez es un viejo, o joven, de mirada cansina y rostro demacrado, campesino, obrero, pobre en cualquier caso, porque Maruja lo saca a relucir mientras mira lo que sucede en las fronteras de Ceuta y Melilla. No hace tanto nosotros huíamos así de nuestra tierra. Sí, claro, no es lo mismo. He llegado a escuchar a un gallego que lo suyo no fue emigración: “yo no cambié de país, me quedé en el mismo”, aunque me gustaría escuchar lo que le hubiera respondido cualquier nacionalista (me da igual de qué nación). También he oído decir que los emigrantes que vienen con papeles, con contrato y todo eso, son bienvenidos, pero los que llegan así, de ilegales, sólo pueden venir a robar o a traficar con droga, aunque lo mejor que he registrado fue uno que dijo sentir asco al ver a una negra rebuscando en la basura. “Yo entiendo que allá no tengan de nada, pero para que vengan aquí para hurgar en la basura, mejor se quedan en su país”. Tal vez no tengan basura, se la comen toda, debí responder, pero en lugar de eso me enzarcé en una discusión que acabó en taquicardia y, por supuesto, desacuerdo. Bueno, todos estaban de acuerdo en que yo no tenía razón.
Antes de leer a Maruja Torres tenía una imagen de todo esto, me imaginaba a un africano saltando la valla, acribillado a tiros por los dos bandos, cayendo al vacío hasta que los alambres le detienen y queda allí colgado. Sangrando con llagas en las manos, en la frente, en la cara… como un Jesucristo puesto al día.

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