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Tiermes

El graderío - II

El graderío - II

Lo cierto es que la sabiduría popular daba por hecho que el boquerón unía Tiermes con Caracena, y la sima del cerro con el Infierno, pero nunca había escuchado tajantemente a ningún paisano hablar sobre el Graderío Rupestre. Por chocante que pareciera en eso estaban de acuerdo los paisanos con los arqueólogos. Algunos decían que eran las gradas de un circo, otros que del teatro, otros incluso que si era un merendero, pero ninguno lo afirmaba con total seguridad, y en eso echaban la culpa a los estudiosos, que no acaban de encontrar la solución. Para mí estaba claro. Cada Semana Santa los programadores de Prado del Rey se tomaban vacaciones. Tanto la uno como el UHF emitían lo mismo: que si Marcelino Pan y Vino, que si la Biblia, que si las Misas y las procesiones… Semana Santa eran la colonia Nenuco luchando contra el remolino de mis rizos, el traje de domingo y el olor a cirio y moho de iglesia. Todo el pueblo apretujado contra el frío y desafinando en armonía con el señor cura, el de la voz de oro: “y mira que canta mal, el pobre, pero él erre que erre, ¡canta todos los salmos!”, que decía mi madre.

Después estaban las procesiones donde la tía Costan tapaba con su vozarrón a la del cura, a dios gracias, los monaguillos manejaban con destreza el incensario, y Epi oficiaba la subasta para ver quién le quitaba el manto de dolor a la Virgen. Para los chavales todo eso eran rituales más o menos aburridos, lo que nos gustaba era alborotar en misa. Durante toda la semana íbamos atesorando las monedas que Emiliano nos daba de cambio cuando le comprábamos golosinas. Cuando llegaba la misa subíamos al primer piso, donde el viejo órgano dormía, y esperábamos a que el monaguillo pasara por las últimas filas, justo encima del balcón. A quien le tocara ejercer sabía que le iban a llover pesetas y duros, y más que intentar cazar las monedas al vuelo, se protegía la mollera. Una vez, en plena eucaristía, el cura le soltó un bofetón a Carlos, que hacía de monaguillo, por jugar con el plato frente la barbilla de no sé quién. Fue la hostia más sonada, en el vermú no se comentaba otra cosa. Al cabo clausuraron el piso de arriba y el órgano se acabó de quedar solo, con el gorgoteo de las palomas y su guano.

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5 comentarios

el de tiermes -

la letra con sangre entra, aunque yo tengo mis dudas, decían.
un saludo, anónimo!

Anónimo -

Yo estuve en la escuela de los 70, y me he llevado coscorrones de esos que ves las estrellas aunque sea de dia.
Bofetones que te arde la cara y despues se te adormece.
Tirones de patillas y agarrado por las patillas te daba contra el encerado o contra otro alumno cuando llamava a otro para dejarme a mi en ridiculo porque no sabia la leccion, si el otro tampoco la sabia nos agarraba a cada uno del pelo y cabeza contra cabeza nos la chocaba.Nos soltaba despues de 4 o 5 choques y nos ponia de rodillas uno a cada lado de su mesa para poder tenernos a mano.

Entrabamos luego a las 3 de la tarde despues de comer y nada mas llegar a los dos que habian estado castigados antes los llamaba otra vez y te tenia toda la tarde castigado.

Anónimo -

q

el de tiermes -

seguro que sí, de dónde si no ha aprendido la receta mi madre!!?

;-)

el de berlanga -

Este graderío es un sitio ideal para ver tramontar el sol esperando a que aparezca el rayo verde. Quizás los antiguos se reunían aqui para eso cuando no había titiriteros a mano, y lo de llevarse algo para picar en el intermedio no lo han inventado los hinchas del futbol. ¿Conocían los celtíberos el escabeche?
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