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Tiermes

Ramas y raíces - II

En el segundo día, cuando atravesamos el parque natural de Niokolo-Koba, el paisaje de polvareda se fue poblando de vegetación y de fauna. Siempre me han hecho gracia esas señales de tráfico que te avisan de la posibilidad de que te salte un ciervo, o de que cruce la calzada una oronda vaca. En Tiermes lo más sencillo es que se te cruce un jabalí y te destroce el coche con el impacto, y nunca vi ese animal dibujado sobre el triángulo rojo y blanco que pide la atención del conductor. En Niokolo-Koba no hay vacas, ni ciervos. Ni tampoco leones o elefantes por mucho que el ayudante del conductor, Samba, nos asegurara que sí, que cientos de ellos. Senegal acabó con sus fieras en los primeros años de explotación turística. Ahora unas pocas se pudren en el zoo de Dakar, y otras pocas tal vez pululen por los dos o tres parques nacionales, fantasmas protegidos a la espera de su propia muerte. En el parque de Niokolo-Koba hay aves, millones de ellas, hipopótamos y cocodrilos en el río Gambia que lo riega, varios tipos de gacelas, facuqueros, que es una especie de cerdo salvaje, y babuinos, esos monos pendencieros que deberían salir en las señales de las carreteras del parque si existieran tales señales. En el parque no hay poblados, y los babuinos substituyen a las personas ocupando los márgenes de la carretera con la misma curiosidad que los niños hacia los vehículos que pasan sin detenerse. Familias enteras de monos quitándose las chinches, mordisqueando frutas o dejándose atropellar en un descuido por un conductor que no puede evitarlo. Cuerpos tendidos y reventados como los de los gatos y perros de nuestras autopistas.

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1 comentario

el de Berlanga -

Un soplo de aire fresco, aunque por aqui no está precisamente el polo norte. Calores extremos en esta extrema/dura de Tiermes y Berlanga. Hakuna matata, compañero
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