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Tiermes

Ramas y raíces - III

Ramas y raíces - III

El tercer día, al amanecer, la conciencia todavía se resistía a despejarse y casi todos dormitábamos acunados por el traqueteo insufrible de nuestro vehículo. Del otro lado del cristal las formas empezaban a definirse antes incluso de que el sol saliera de su escondite. Habíamos dejado la selva y volvíamos a internarnos en la sabana, pero unos dedos crispados arañaban la luminosidad en aquel paraje sin accidentes geográficos de ningún tipo. ¿Qué son? Le pregunté al guía. Baobabs, me respondió. Yo ya sabía que existían, incluso que crecían en Senegal, pero nunca había visto uno, sólo sabía de ellos por los documentales de la 2 y por el Principito, por los problemas que tenía para evitar que sus potentes raíces se aferraran en el interior de su pequeño planeta y lo reventasen como a una pelota de barro. Y ahí estaban. Cientos de Baobabs, gigantes como los ents que había creado Tolkien, esparcidos en la sabana con sus extrañas ramas retorciéndose hacia el día que no acababa de nacer.

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1 comentario

juancar347 -

Hubiera sido genial que te encontraras con el Principito. Todo un personaje inolvidable...como los baobabs.
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