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El gusto de las palabras

El gusto de las palabras El día del juicio, el pastelero argumentó que si aquel mendigo se había saciado con la magnífica visión y el aroma de los pasteles que exponía en su escaparate, bien justo sería que pagara por ello. El juez dictaminó a favor y mandó al mendigo que tirara sobre la mesa las monedas que hubiera recogido aquel día.
- Puede considerarse pagado, señor pastelero, habiendo escuchado el sonido de las monedas golpeando en la madera.

Las palabras tienen distinto sabor cuando están cocinadas en el horno de la lengua y nos llegan servidas de boca a oreja. En Senegal a los cuentistas les llaman griots, y soportan con orgullo el peso de mantener la historia de las familias. Antes de que alguien se entretuviera en transcribir la Odisea, los griegos la recitaban de memoria en las plazas públicas. En Soria muchos pueblos tienen en la plaza una columna llamada rollo. Su uso suele atribuirse a las ejecuciones públicas, pero yo prefiero pensar que lo único que se ejecutaba mientras se alargaban las sombras, eran charlas inacabables a la caída de la tarde, y es por eso, y no por otra causa, que la puesta de sol se ralentiza tanto en la meseta, pues el sol no se quiere perder el final de la historia.

ANIN, associació de narradores i narradors de Barcelona, es un colectivo de cuentacuentos que mantiene el fuego encendido de la narración oral. En el número 7 de su revistaSilvano Andrés de la Morena y Carme Muñoz Gimeno recogen de viva voz unos cuentos de Cuevas de Ayllón. Con un poco de imaginación en vez de leerlos, uno puede escuchar a Antonino del Cielo giradeshebrando las historias bajo un rollo al que le crecen las ramas.

(la foto, rollo de Caracena, enlace a Pueblos de España)
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