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Tiermes

Metafísica del trapo

Metafísica del trapo

Hay pinzas que duermen esperando la próxima colada. Sueñan con ser palo mayor y someter al viento que hincha las sábanas de las azoteas. Hay velas que se apagan en los cumpleaños, que dibujan deseos en sus sombras de humo, y hay velas que se encienden ante santos, que consumen su vida de cera para cumplir. Las velas de los barcos persiguen estelas, las sábanas de los terrados evocan sueños. Colores y formas puestas del revés, aromas venteados al cielo raso.
Luminosas y teñidas para ser vistas, las banderas no responden al azar de la ropa tendida. Solitarias, cuando van en compañía siguen igual de altivas, vigilando que ninguna ondee más alta. Las fiestas de los pueblos les devuelven la inocencia que nunca tuvieron, y los niños juegan a adivinar su procedencia.
Hay trapos para todos los gustos. Los budistas, por ejemplo, extienden cuerdas con pequeñas telas de colores, y en ellas escriben oraciones. Cuando el aire las mece, el eco de sus palabras es aireado y esparcido como polen de buenas voluntades.
Las hojas de un libro son algo más pálidas, pero también profesan una fe ciega por la belleza. Es contagioso, una mariposa chupa el néctar de una flor, y fertiliza a otra. Un lector abre un libro...

(el título del artículo es también el título de un libro de poemas de María Eloy-García)

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