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Carnestolendas

Carnestolendas

El día de la tortilla no había tortilla, sino una merienda en los prados al salir de la escuela. Iban las cuadrillas con sus bolos de pan, una especie de empanada cuya masa llevaba huevo cocido y chorizo -¡casi nada!- para que los niños tuvieran en las papilas gustativas el recuerdo de la carne que no habrían de probar durante la inminente Cuaresma.

De disfraces había dos tipos. Un mozo de los que iban a llamar a quintas se vestía con un mono de trabajo que le fuera grande, y rellenaba el hueco entre su cuerpo y la tela con manojos de hierba y paja. La cara se la cubría con una careta cuya humilde confección se limitaba a agujerear la tapa de una caja de zapatos. Los niños corrían detrás de él y se aprovechaban de la poca destreza del mamarracho para propinarle patadas, golpes y piropos malsonantes, pero cuando más embriagados estaban surgían de las callejas el resto de quintos vestidos con la ropa interior de antaño, unos calzoncillos largos de esos que salen en las películas de vaqueros, y una camisa blanca por encima. Por cinturón una sarta de cencerros que anunciaba su presencia y en la mano una tralla con las que se fustiga a los animales, sólo que ahora servía para hacer correr a los pequeños que antes habían atizado al hombre de paja.

Encuentro en un artículo de Ángel Almazán titulado "La muerte del Carnaval" argumentos que certifican la defunción de la fiesta desde que “se instauró la democracia-partitocracia actual”, y cita a etnólogos de la talla de Julio Caro Baroja quien ve la fiesta desprovista de “sus encantos y turbulencias” desde que ha sido “reglamentada siguiendo criterios políticos y concejiles atendiendo a ideas de orden social, buen gusto, etc.”. Y le doy la razón, pero extiendo su defunción a la Navidad, la Semana Santa y otras fiestas de guardar que se han convertido en un espejismo ritual de lo que debieron ser, reducidas a una mezcla de vacaciones gastronómicas, unas cuantas películas en technicolor de Charlton Heston y una peregrinación por las calles de los centros comerciales para deglutir los alimentos que (te damos gracias, señor) estamos a punto de vomitar. Si algo tiene de bueno el Carnaval es que no es una fiesta oficial en el calendario aunque las rúas, chirigotas y pasacalles sean subvencionadas por las partidas presupuestarias de cultura, turismo y festejos haciendo que se pierda su espontaneidad y convirtiéndolo en “una máquina de diversión de casino pretencioso” (Caro Baroja).

Almazán asegura en palabras de Franco Cardini que las fiestas tradicionales están perdiendo su idiosincrasia al triunfar la visión lineal y homogénea del tiempo a la vez que se pierde el concepto cíclico de la Naturaleza. Bajtin utiliza también esta idea para criticar la lectura (y su complementario, la escritura) lineal y cerrada (él la denomina épica) donde no cabe interpretación, y la cuestiona frente a la estructura carnavalesca de las novelas satíricas donde las lecturas son múltiples (como múltiples son las máscaras) y cada una de ellas permite entrever una burla a la voz homogénea del discurso imperante.

Referencias aparte, a uno se le antoja que el Carnaval no está moribundo, sino que se escapó de los desfiles y no se encuentra en las rúas subvencionadas donde Clos muestra sus michelines a ritmo de salsa (Forum 2004, qué pena que no he encontrado la foto, era como ver a Homer Simpson pero sin asomo de gracia), sino que está en las carrozas del día del Orgullo Gay, en los botellones y las raves ilegales, o en cualquier otro espacio y momento donde uno pueda quitarse la careta que lleva puesta durante el resto del día.

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1 comentario

Retógenes -

El carnaval ha muerto porque ahora cualquier día es carnaval. Basta con que uno se de una vuelta por cualquier zona de copas de cualquier ciudad (por esta vez admitiremos que Soria es una ciudad)para ver el mismo ambiente carnavalero del carnaval, pero sin el añadido de las plumas de la subvencion municipal. el carnaval era una transgresión, era la violación solemne de toda prohibición y eso, lamentablemente para los que ahora nos dedicamos a dormir los fines de semana, es posible hacerlo cualquier dia del año y en plena luz del día, sin que ningún policía municipal aparezca por el escenario de la "violación". Seguramente estarían ocupados recaudando para Gallardón o para Clos.
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