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La voz de la Tierra

La voz de la Tierra

En realidad, en la cultura aborigen el didge no tiene una relevancia tal como para dedicarle un encuentro en exclusiva, el didge es sólo un instrumento de acompañamiento, el verdadero protagonista de cualquier ceremonia es el song-man, depositario de la historia del clan (una especie de griot en la cultura mandinga) que se dedica a narrarla a través de canciones mientras que los segundos en importancia, los bailarines, ejecutan su danza al ritmo de las bilmas (instrumento de percusión a menudo en manos del mismo song-man). El didge, detrás, les acompaña con la voz de la tierra. Las canciones narran la mitología de sus dioses, las raíces de su clan, o incluso la morfología de las tierras por donde su nomadismo les ha conducido a lo largo de la historia. Individualmente cada canción puede durar tres minutos, pero ensambladas en sus diferentes ciclos pueden durar días enteros.
Fueron tres días de talleres, actuaciones, jams y juegos. Nadie cantaba ni bailaba, y vistos desde fuera debíamos de parecer una secta incluso a ojos de los mismos aborígenes australianos, y sin embargo, las historias que nos explicaron Aurelio y los suyos tenían la magia de los sueños que no llegan a desvanecerse.

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