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Tiermes

Cartuchos - III

Cartuchos - III

A semejanza de las Normas de Caballería, los cazadores tenían su propio código de conducta. No se podía cazar en época de celo, ni en época de cría. Tampoco se podía utilizar la estrategia de la espera, es decir, aguardar el regreso de la presa junto a la guarida descubierta. Por último, para no jugar con ventaja, no se podía salir de caza cuando la nieve había hecho acto de presencia denunciando con su impronta el rastro de cualquier bicho viviente. Aún así, los buenos cazadores tienen un poco de caballero y otro poco de pícaros, y me explicaba mi padre que más de una y de dos veces, tuvo que correr a esconderse con Santiago ante la llegada poco oportuna de los agentes rurales.
La fascinación por la caza no sólo hechizaba los ojos de los niños, aunque Raquel, la hija de Santiago y Victorina, no era cualquier niña, era la Pipi Calzaslargas de la familia. Antes de que tuviera perros ni coche, Santiago salía de casa con lo puesto, escopeta al hombro y camina que caminarás hasta donde le llevaran sus largos pasos de montaraz. En una de éstas Raquel, que andaría por los 4 años, salió de casa siguiéndole a distancia. ¿Dónde córcholis iba su padre desentendiéndose de ella? Así anduvieron 3 kilómetros, porque la pioja no dijo ni mu, consciente debajo de su pelambrera de que si era descubierta aún le llovería un broncazo. Así llegaron hasta la mojonera de Liceras, cuando Santiago se giró pensando que el ruido entre las zarzas era una perdiz que había levantado, y descubrió que no, que la que se había levantando era su hija, hija que aquel día escuchó las blasfemias más gordas de su vida.

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3 comentarios

Gemma -

Que salía a su padre, la niña.

el de tiermes -

ya puestos yo aumentaría la edad, a 99 años, por ejemplo. pero en pueblos distantes, eh! que si no estaríamos en las mismas!

el de Berlanga -

Estas cosas solo les pasan a las niñas de pueblo. A menudo pienso que debería ser obligatorio por ley vivir en un pueblo hasta los 14 años. Nos ahorraríamos las clases de psicomotricidad, entre un millón de ventajas más. Las ciudades no están hechas para los niños.
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