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08/07/2008

Ramas y raíces - y IX

En la novela "Mentira" de Enrique de Hériz, la antropóloga protagonista es una especialista en cuanto a los rituales referidos a la muerte. Según ella, para las tribus nómadas la muerte no conlleva ningún problema, forma parte, no ya de la vida como reverso, sino de la existencia como algo cotidiano. Los cazadores viven de la muerte a través de la caza, y abandonan a sus muertos sin ritos ni lágrimas. El movimiento genera una eternidad inconsciente que ni la muerte detiene, porque se abandona literalmente dejándola atrás en el ciclo de la vida. Al caer en el sedentarismo la muerte irrumpe, “es la contradicción que pretendemos resolver los humanos de cualquier tribu con nuestros ritos. Por eso disponemos de los cuerpos de maneras más o menos teatrales, en ceremonias que, al fin y al cabo, sólo sirven para ayudarnos a deshacernos de ellos. Deshacernos para siempre y anunciar al mundo que el individuo desapareció pero el grupo permanece, tras restablecer el orden con la mayor velocidad posible. Se reparten las herencias, se dispone el futuro de las tierras, de los objetos personales del muerto, que no sirven, en contra de las apariencias, para recordarnos que murió, sino que nosotros seguimos vivos.”
Un inmigrante no es lo mismo que un nómada, pero se desplaza abandonando el lugar donde inició su ciclo de vida y de muerte, deserta de una sociedad para insertarse en otra con nuevas reglas, y deja crecer raíces y frutos que son sus hijos. Raíces que le alejan de la tierra donde nació, como si fueran las ramas invertidas de su árbol genealógico, las raíces dispersas al aire de la leyenda del baobab. En su caso, la muerte de los ascendentes que dejaron atrás no constata solamente la muerte del individuo, sino la de toda una sociedad que se agota, de la que se desintegran los eslabones que los mantenían unidos. Una sociedad, o lo que es lo mismo, un mundo, como el de los celtas cuando se vieron romanizados, o el de los mismos romanos cuando el Imperio se desmoronó en ruinas.
Cuando entendí esto comprendí sin juzgar las palabras del guía. La anciana basari era la mujer más vieja de su mundo, igual que mi abuela lo era del mío.


07/07/2008

Ramas y raíces - VIII

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Conocí a mi abuela Vicenta con la promesa de la muerte en la boca. Cada verano, cuando corríamos a saludarla, nos apretaba contra su cara rugosa para besuquearnos. Después sacaba de su delantal negro un par de monedas de 25 pesetas y nos las ponía en la mano, palma contra palma, mirada contra mirada, como para que fuéramos conscientes del valor del regalo. No las malgastes, parecía decir. Tenía más de 40 nietos, así que no podía prodigarse dando propinas, pero entre los primos nos reíamos de que para la abuela no subía el precio de la vida. Al despedirnos su augurio tampoco variaba: yo creo que este es el último verano que me veis con vida. Pero era una letanía, ninguno la hacía caso. Cuando cumplió 100 años vinieron de no sé qué programa de la provincia para felicitarla y hacerle una entrevista. Yo la conocí ya vieja y ajada, imposible descubrirle un asomo de coquetería debajo de tanta arruga y tanto delantal, vestida siempre de negro, pero la imagino con un punto de vanidad, como aquella anciana basari, el orgullo de los supervivientes.
Se esperó a que llegara el verano para irse. No quería molestar, solía decir, y hacer que sus hijos y nietos desperdigados por aquellos mundos de dios tuvieran que interrumpir sus vidas para venir al entierro. Además, aguantó en el lecho hasta que llegáramos todos, y uno tras otro pasáramos por su cuarto para despedirnos.
A su hija, mi abuela Justa, la conocí todavía despierta, una mujer de carácter y energía. Se le notaba la casta. Viuda a los 60 años había tirado adelante con sus 6 hijos, y desde la diáspora migratoria de la década de los 40 vivía sola en una casa grande que había albergado la algarabía de tanta muchachada y no pocos animales en el corral. Pero no se le caía la casa encima. Había cuidado a su madre y no se había quedado huérfana hasta cumplir los 80: le quedaba toda una vida por delante y muchos nietos con los que jugar. La abuela Justa también nos daba un aguinaldo cuando llegaban las fiestas. Incluso cuando empecé a faltar a mis citas con el pueblo y me marchaba de vacaciones a conocer horizontes y caras nuevas, en septiembre, al reencontrarme con mi hermano o con mis padres, siempre había un billete arrugado de indudable procedencia. Más que el dinero, a los nietos lo que nos gustaba era pasar por su casa a media tarde. Si hacía bueno y estaba sentada en el portal, te mandaba bajar de la bicicleta, entonces entraba a la cocina y salía con un trozo de pan y media tableta de chocolate, la merienda ideal.

03/07/2008

Ramas y raíces - VII

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Tengo una foto donde se abrazan cinco generaciones de mujeres de mi familia. Mi bisabuela Vicenta, mi abuela Justa, mi tía Mercedes, mi prima Mari, y mi prima segunda, Mercè. En la foto Mercè sale con un lacito en brazos de su madre, ahora ya ha acabado la carrera de derecho. Mi abuela Vicenta debía de tener por aquel entonces cerca de cien años. Digo cerca porque la fecha de la foto es imprecisa, casi tanto como la edad de mi bisabuela.
Hace 130 años, cuando nació ella, los pueblos de la comarca de Tiermes no debían de diferenciarse tanto de los del País Basari. Sin suministros de agua corriente ni luz, la única energía que movía el mundo era la de los sacrificados brazos en el campo y la del fuego en el hogar. El ritmo diario lo dictaban los astros a fuerza de amanecer y esconderse un día tras otro, arrastrando con su tesón el ciclo de las estaciones y de las cosechas. El cura del pueblo anotaría en su libro de registro el nombre y filiación de mi abuela Vicenta con la misma devoción que el griot local de los basari añadiría una muesca más en sus canciones, tesoro donde se guardan celosamente la memoria de todo un pueblo. Tiermes no fue ajeno al expolio que sufrieron iglesias y ayuntamientos de todo el país durante la maldita guerra, por lo que se han perdido entre otras cosas las partidas de nacimiento de generaciones enteras cortando de un dramático tajo el árbol genealógico de las venideras. Cuando pregunto a mis mayores sobre la ascendencia de mis abuelos la historia se acaba en Rebollosa de los Escuderos, entonces un pueblo lejano, hoy un despoblado en ruinas a tan solo 14 kilómetros de Montejo. Es como si al griot le hubiera sorprendido un Alzheimer prematuro antes de transmitir su legado.

02/07/2008

Ramas y raíces - VI

Al llegar a la cima el paisaje volvía a ser frondoso, como en el Niokolo-Koba. Una vez en el llano el sendero rodeaba varias rocas desde donde se podía contemplar la tremenda explanada en la que se fundían las fronteras de Guinea, Mali y Senegal. Al poco de caminar aparecieron los primeros techos de cañas y empezamos a pasar entre cabañas con las puertas abiertas, es decir, con los umbrales sin puertas, la oscuridad como refugio del calor. Parecía que no hubiera nadie, hasta que por fin nos descubrieron los ojos de un niño que nos vino a dar la bienvenida cogiendo de la mano al primero de los blancos de la fila. Después aparecieron más y nos dirigimos a un espacio indeterminado que pretendía ser una plaza, al menos en cuanto a función, porque allí nos detuvimos y charlamos con la intervención del guía. Hablamos de todo y de nada. ¿Qué podíamos decir, nosotros turistas que llegamos allá con los ojos abiertos? ¿Qué podíamos hacer más que contemplar, respirar por unos instantes un ambiente ajeno, remoto, dos mundos que se tocan por un instante? En nuestro atónito estupor el guía aprovechó para presentarnos a la mujer más vieja del mundo, una anciana basari que decía tener 127 años. La saludamos, le dimos la mano, compramos collares a una de sus nietas y alguien le sugirió al guía que su afirmación es un tanto exagerada. El guía se enfadó. Ya le habíamos visto antes así, en ataques infantiles de rabia. Relatándonos un pasaje de la guerra de independencia contra los franceses nos había explicado que las fuerzas de ocupación decidieron calmar los ánimos llevándose de Senegal a un marabú, uno de los líderes espiritual y revolucionario más importantes del país. Una vez en el barco de su exilio pidió su alfombra para rezar hacia la Meca. Los franceses se la dieron, pero le dijeron que no podía rezar en el barco porque era suelo francés, cristiano por tanto. Entonces saltó al agua y pronunció sus oraciones sobre la superficie de las olas. Al finalizar y subir a bordo expulsó la alfombra y ante los ojos desorbitados de los soldados cayeron granos de arena del desierto. Al acabar, el guía nos explicó que eso no era una leyenda, era Historia.

No me habría extrañado tanto si lo mismo me lo hubiera explicado Mamur, el conductor, o Samba, su ayudante. Según ellos habían cazado serpientes de enormes dimensiones con una sencilla y ancestral técnica: sólo había que encontrar su guarida y colocar una hoja afilada de cuchillo. Cuando la serpiente saliera se cortaría en dos hasta llegar al final de su larga cola, porque las serpientes, todo el mundo lo sabe, no pueden reptar hacia atrás. El razonamiento era aplastante, y ellos sonreían al ver a los tontos europeos sin saber qué cara poner. El caso del guía era distinto. Vivía desde hacía 20 años en España casado con una catalana. Montaba estos viajes para ganarse la vida. ¿La mujer más vieja del mundo en un país cuya esperanza de vida es de 56 años? Si era una forma de alabar la vida tradicional de su país frente a la acelerada vida occidental había formas mucho más eficientes de conseguirlo. El silencio, por ejemplo, ya nos había conquistado.

02/07/2008 09:31 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores No hay comentarios. Comentar.

01/07/2008

Ramas y raíces - V

Uno de los atractivos de visitar el País Basari era ver con nuestros propios ojos el árbol más grande de todo el país. Pese a lo esperado no era un Baobab, ni un mango, sino una seiva, otro portento de la naturaleza que alcanza alturas y posee una constitución sorprendentes. Los superlativos siempre me han hecho desconfiar. El rascacielos más alto, el hombre más rápido, el dictador más cruel... Que alguien en algún lugar, en algún momento, haya corrido más rápido no quita mérito al que llegó segundo, igual que no resta desprecio el dictador más cruel al que lo fue un poco menos. En las cercanías de Valderromán hay unas encinas que llaman milenarias. La última vez que leí sobre ellas databan su edad en ocho siglos. Y son tan gruesas, había oído decir, que ni siquiera diez jóvenes cogidos de las manos logran abarcar la más gruesa de ellas. La seiva que el guía nos llevó a ver era impresionante, tanto como el resto de seivas que habitaban aquel lugar antiguo, apartado incluso de los nuevos tiempos que empiezan a llegar como el viento a Senegal.
El País Basari se encuentra en la cima de la única montaña del país: 400 metros de altitud. Sólo se puede llegar a pie, así que emprendimos la marcha con la serenidad que da haber subido caminos más empinados. Los Basari son lo más parecido a lo que debió de ser una tribu africana en tiempos antiguos. En Senegal conviven varias etnias que también pueblan Mali, Gambia y Guinea. La wikipedia cuantifica la diversidad étnica en wolofs 43%, peuls 24%, sérères 15%, diolas 4%, malinkés 3%, soninkés 1% y “alguna etnias menos numerosas y más locales” entre las que encontraríamos a los basari. Todos, por lo general, han ido acondicionando sus vidas a los nuevos tiempos. Dakar recibe una inmigración difícil de soportar en un país que sufre la despoblación de sus campos -¿les suena de algo?- pero Dakar no es Itaca y las sirenas cantan desde el mar, por eso los cayucos parten de esas playas en un viaje imposible. Los basari, sin embargo, parecen estar al margen. Son pocos, y ocupan un lugar suficientemente remoto como para que no les molesten ni llegue hasta ellos los ecos de unas ilusiones que no son las suyas.

01/07/2008 09:30 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores Hay 1 comentario.

30/06/2008

Ramas y raíces - IV

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El Baobab es un árbol impresionante en todos los sentidos. De sólo contemplarlo uno se siente minúsculo ante semejante portento de la naturaleza. Pero asombra todavía más que un titán de tales medidas sea capaz de sobrevivir en un lugar donde el agua no es precisamente abundante. Por último, los senegaleses veneran sus frutos porque están llenos de propiedades. No es de extrañar que el Baobab, el rey de la selva vegetal, creciera arrogante y desafiara a los mismos dioses. Para bajarle los humos los dioses lo arrancaron de cuajo y lo lanzaron al aire, es por eso que al caer enterraron su copa en la tierra, y sus ramas tienen ese aspecto de raíces al viento.

Todo tiene su lugar en el cosmos, y nadie puede alterar el orden sin despertar la cólera de los dioses. Los mangos, por ejemplo, son otro de los árboles nacionales. Pero los mangos son mucho más cercanos a los hombres. No hay bosques de mangos, pero en cambio, cada poblado tiene un mango debajo del cual los ancianos se reúnen a debatir sobre el tiempo, los matrimonios, la vida y la muerte. No somos tan distintos unos de otros. El viejo olmo del portalejillo tenía las mimas funciones. A la salida de misa los hombres se reunían alrededor y comentaban el sermón del señor cura. Si no había misa éramos nosotros, los chavales, los que nos reuníamos a su alrededor para contarnos historias que sólo podíamos explicar en ausencia de los mayores. Otro arbusto fundamental era la parra. Había una en casa de Julián, pegada a la plaza. Allí se sentaban las abuelas para descansar y darle a la sin hueso cuando iban a buscar agua a la fuente. Allí esperábamos nuestro turno para jugar al frontón cuando apretaba el sol y no se podía aguantar en las escaleras de la iglesia.

27/06/2008

Ramas y raíces - III

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El tercer día, al amanecer, la conciencia todavía se resistía a despejarse y casi todos dormitábamos acunados por el traqueteo insufrible de nuestro vehículo. Del otro lado del cristal las formas empezaban a definirse antes incluso de que el sol saliera de su escondite. Habíamos dejado la selva y volvíamos a internarnos en la sabana, pero unos dedos crispados arañaban la luminosidad en aquel paraje sin accidentes geográficos de ningún tipo. ¿Qué son? Le pregunté al guía. Baobabs, me respondió. Yo ya sabía que existían, incluso que crecían en Senegal, pero nunca había visto uno, sólo sabía de ellos por los documentales de la 2 y por el Principito, por los problemas que tenía para evitar que sus potentes raíces se aferraran en el interior de su pequeño planeta y lo reventasen como a una pelota de barro. Y ahí estaban. Cientos de Baobabs, gigantes como los ents que había creado Tolkien, esparcidos en la sabana con sus extrañas ramas retorciéndose hacia el día que no acababa de nacer.

27/06/2008 17:24 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores Hay 1 comentario.

26/06/2008

Ramas y raíces - II

En el segundo día, cuando atravesamos el parque natural de Niokolo-Koba, el paisaje de polvareda se fue poblando de vegetación y de fauna. Siempre me han hecho gracia esas señales de tráfico que te avisan de la posibilidad de que te salte un ciervo, o de que cruce la calzada una oronda vaca. En Tiermes lo más sencillo es que se te cruce un jabalí y te destroce el coche con el impacto, y nunca vi ese animal dibujado sobre el triángulo rojo y blanco que pide la atención del conductor. En Niokolo-Koba no hay vacas, ni ciervos. Ni tampoco leones o elefantes por mucho que el ayudante del conductor, Samba, nos asegurara que sí, que cientos de ellos. Senegal acabó con sus fieras en los primeros años de explotación turística. Ahora unas pocas se pudren en el zoo de Dakar, y otras pocas tal vez pululen por los dos o tres parques nacionales, fantasmas protegidos a la espera de su propia muerte. En el parque de Niokolo-Koba hay aves, millones de ellas, hipopótamos y cocodrilos en el río Gambia que lo riega, varios tipos de gacelas, facuqueros, que es una especie de cerdo salvaje, y babuinos, esos monos pendencieros que deberían salir en las señales de las carreteras del parque si existieran tales señales. En el parque no hay poblados, y los babuinos substituyen a las personas ocupando los márgenes de la carretera con la misma curiosidad que los niños hacia los vehículos que pasan sin detenerse. Familias enteras de monos quitándose las chinches, mordisqueando frutas o dejándose atropellar en un descuido por un conductor que no puede evitarlo. Cuerpos tendidos y reventados como los de los gatos y perros de nuestras autopistas.

26/06/2008 08:23 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores Hay 1 comentario.

25/06/2008

Raíces y ramas - I

Para llegar hasta el País Basari hay que recorrer 600 kilómetros desde Dakar. Aunque Senegal es uno de esos lugares en el mundo donde conviene medir las distancias con horas mejor que con los kilómetros debido a la precariedad de sus carreteras. Mamur, el conductor, conducía ajeno a las normas de circulación que obligan a transitar por la derecha. Eran los baches, y no las normas, los que definían el lugar de la calzada que ocupaba la furgoneta mientras devoraba kilómetros y polvo a partes iguales. A veces nos cruzábamos con otro vehículo y parecía que ambos conductores estuvieran retándose por ver quién era más temerario y se apartaba en el último instante. Al final, Mamur daba un golpe de volante y el sonido de la bocina del otro camión era lo único que nos alcanzaba en aquella carrera de obstáculos. A los lados de la carretera aparecían pequeñas poblaciones, cabañas construidas con bases de hormigón, pero ribeteadas con techos de caña. Fuera, las mujeres negras con sus coloridos vestidos trajeteaban cargadas de cestas y manojos de hierbas, y los niños correteaban mirando con sus ojos grandes la furgoneta que no se detenía ante los vendedores de mangos. Casuchas diseminadas en un horizonte partido por la carretera, la sabana africana como escenario sin otro telón de fondo que la calina bajo el sol infinito.

25/06/2008 11:42 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores No hay comentarios. Comentar.

19/06/2008

La lista roja

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De la parte de Berlanga siempre llegan buenos aires, el último soplo nos traía la noticia de una asociación, Hispania Nostra, que ha elaborado una lista del patrimonio español en abandono con serios riesgos de perecer en el olvido. La Lista Roja, la llaman, por su carácter de urgencia, imagino, o por lo colorada que se les tendría que poner la cara a los responsables de semejante estropicio.

A las piedras del castillo de Berlanga le dedicó su entrada nuestro paisano de Berlanga, pero Castilla tiene el palmarés de autonomía con más muescas en esta lista: 77 nominaciones a desastre de abandono. Por su parte, Soria ostenta la nada detestable cifra de 8.

El castillo de Caracena es una de esas joyas herrumbradas. Caracena en sí es un pueblo con un maravilloso patrimonio histórico y humano, tal y como ha constatado Juan Carlos en sus últimos viajes. El de castillo es un brillo menor frente a sus iglesias, el puente romano o el rollo, pero la belleza de su planta en medio del páramo es sobrecogedora. Para mí, que lo descubrí por la banda de Valderromán, donde el camino obliga a desmontar del caballo (perdón, del coche) y acercarse a pie, fue como vivir un espejismo transportándome a las retinas del de Vivar camino del exilio. Os dejo con la ficha, y con el deseo de que las instituciones se pongan a la faena.

"Historia/Descripción: Castillo de origen árabe del siglo X–XI, reformado en el XV-XVI. El castillo está en un lugar bellísimo y tiene gran interés tanto por su estructura como su aceptable conservación de ciertas partes. En el siglo XV fue tomado y confiscado por Don Pedro de Acuña y el señor de Caracena, Francisco de Tovar, que acordaron su demolición. En 1491 el obispo Alfonso Carrillo de Acuña adquierió el señorío de Caracena y es probable que entre 1491 y 1496 el castillo fuera reedificado en su configuración actual. Construido en mampostería, se aprecian claramente los restos de la construcción original, una muralla que recorre el alto entre los barrancos y que sirve a su vez de base para la posterior torre del homenaje y el muro norte del recinto interior, ambos del siglo XV. Cuenta con un doble recinto con foso artificial y un acceso en zigzag muy protegido. El recinto interior es de planta rectangular con la torre del Homenaje en la esquina sureste. El exterior sigue el contorno del interior, con diez cubos huecos con aditamentos artilleros. Es posible aún apreciar los restos de salas abovedadas, aljibes y garitones volados. El paso de una via rural entre Valderromán y Caracena por encima de parte de la muralla, el acceso al recinto de animales, el uso de recinto como corral, el robo de sillares y piedras por desaprensivos y ciertos arbustos y árboles que estan creciendo en muros y paredes, están acelerando el deterioro. La torre del Homenaje tiene grandes grietas y se ha desprendido parte del lienzo interior de muralla en otros lugares (tras el que aparece el posible lienzo de muros árabes del siglo XI)."

Época: Siglos X al XVI
Propiedad: Privada
Grado de protección: BIC
Estado: Abandonado desde el siglo XVII posiblemente.
Carácter del riesgo: Deterioro progresivo por el mal uso y el abandono. Riesgo de derrumbe de la Torre del Homenaje y lienzos de muralla. Necesita intervención urgente.
Localización geográfica: Caracena

11/06/2008

Misere mei - y VIII

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Pero aún quedaba todavía algo por hacer. Cada uno volvió a su casa y nos citamos a la semana siguiente. Núria quería recoger un ritual celta. Después he leído que ese mismo ritual se hace en diferentes culturas del mundo, y no me parece extraño: como el parto natural, parece de sentido común. La antropóloga de la novela "Mentira" lo explica de la siguiente forma: “Cuando nace un niño en un poblado de Melpa, se planta un árbol. En el mismo hoyo cavado para hundir sus raíces, se entierran también la placenta y el cordón umbilical. Se bautiza el árbol con el mismo nombre que la criatura. Mientras el bebé está en edad de lactancia, se usan sus heces para abonar el árbol. […] Se supone que el niño vivirá mientras sobreviva el árbol y que éste tiene la capacidad de reflejar los estados de aquél: se secarán sus hojas cuando esté triste el hombre, resplandecerá cuando se enamore, brillarán sus frutos cuando se reproduzca, tal vez se humille la copa si el niño enferma.”

De nuevo la veintena de amigos nos reunimos en su casa. El lugar elegido era el macizo del Montnegre. Llegamos con los coches hasta cerca de un dolmen. Era domingo, así que había familias con sus niños. Nuestro grupo era el más estrafalario sin duda. Si no fuera por la diversidad de vestimentas y colores podríamos parecer un grupo de hare-krisnas: tambores, guitarras, cantos y malabares, el circo había llegado al Montnegre. Nos dividimos por grupos. Había que encontrar un claro en el bosque lo suficientemente escondido como para que el árbol que creciera no fuera elegido por un grupo de domingueros para utilizarlo de leña para su paella. Estuvimos un buen rato hasta que Núria eligió entre los diferentes claros que habíamos encontrado. Nos costó encontrar acomodo para tantos, pero al final, sentados en el suelo, como en una reunión de elfos ocultos entre las ramas, todos encontramos un sitio. Núria quería que su hija fuera noble y fuerte como un roble, y después de cavar el hoyo depositamos la placenta y el cordón umbilical, un poco de tierra, y encima las semillas. Continuamos un buen rato, cantando y brindando por Duna. Antes de que atardeciera nos fuimos todos y dejamos a la madre y a la niña a solas con su árbol.

De esto hace ahora 7 años. Hay un árbol más en el monte, y una niña preciosa en nuestras vidas. Núria se cansó de darnos las gracias por haberla apoyado en aquellos momentos, pero era ella la que merecía nuestro agradecimiento por haber compartido con nosotros aquella vivencia. La luz de aquella aurora no ha dejado de iluminarnos por dentro.

10/06/2008

Misere mei - VII

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Isabel, la comadrona de Nuria, no se limitaba sólo a los aspectos técnicos y los factores de riesgo mediante el parto hospitalizado, también hablaba del apoyo emocional, del sentimiento de guarida, del derecho a decidir, tanto la postura, como las personas que habían de estar alrededor, por no hablar del legado ancestral, de toda la ciencia natural y el sentido común que se había defenestrado con la imposición de la cultura tecnócrata.
Era en el apoyo emocional donde nos encontrábamos nosotros, una veintena de amigos un tanto atolondrados y confusos, absorbiendo a marchas forzadas una información nueva y comprometida, porque la barriga de Núria crecía, y el día en que Duna decidiera salir, todos tendríamos un cometido.
La barriga crecía tanto que Albert, el futuro tío, vio un día ese vientre hinchado y le dijo a su hermana: parece una duna. Lo bueno es que Núria ya había decidido llamarla así, y nadie lo sabía todavía. Hubo reuniones periódicas. Hicimos una lista de teléfonos y cada uno sabía perfectamente a quién tenía que llamar y qué hacer si no encontraba al siguiente de la lista. Núria vivía en Sant Celoni, así que desde la primera llamada tardaríamos aún una hora en llegar desde Barcelona, teniendo en cuenta, además, que el trabajo no lo impidiera. Pero Duna sabía que su nacimiento era una celebración, así que llamó a la puerta durante un fin de semana. Uno a uno, cada cual por sus propios medios, nos personamos en la casa. Isabel llevaba viviendo con ella desde hacía ya unos días. Todo estaba preparado: una piscina hinchable en medio del comedor, la chimenea encendida, toallas limpias, agua en el fuego… No recuerdo cuántas horas estuvimos. Fueron muchas, pero no recuerdo que se nos hicieran largas. Había niños, así que también había que estar pendientes de ellos, de hecho, en el reparto de responsabilidades a mí me tocó cuidar de la guardería. A última hora Núria, que había pensado parir en la piscina, subió las escaleras y se cobijó en su habitación, como una loba que busca protección. Mi tarea fue sencilla, los chavales estuvieron encantados con el cambio de última hora y se metieron ellos en el agua. En el momento de la verdad me dio tiempo de subir corriendo las escaleras y ver a Duna saludando al mundo. Ni un llanto, todo paz y un escalofrío que nos recorrió la espalda como si la aurora boreal se hubiera iluminado dentro nuestro.

Recuerdo que en la casa no se podía fumar, y nadie había traído cava para celebrarlo, pero salimos al patio y alguien lió un cigarro de marihuana que descorchamos entre todos para celebrar la llegada de Duna. Los hombres nos miramos felices pero con un punto de desilusión: qué envidia ser mujer, nos íbamos diciendo.

09/06/2008

Miserere - VI

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Irene también pasó el cólico miserere a los 13 años. Para la asistencia médica de la Barcelona pre-olímpica esa enfermedad no debería resultar un problema, pero los médicos tardaron en reconocer el origen del dolor, por lo que las pasó canutas. Le explico el hilo por el que voy tejiendo, desde la leyenda de Bécquer, pasando por las manzanas de mi padre, hasta los partos naturales, y me habla de Michel Odent, un convencido de los partos naturales que tiene un discurso estremecedor. En su centro de salud investigan la relación entre el “período primal” (vida fetal, nacimiento y primer año de vida) y la salud y conducta del individuo durante el resto de la vida. Su base de datos recoge estudios como los de Lee Salk quien investigó “el entorno de 52 adolescentes víctimas de suicidio antes de los 20 años. [... ] Encontraron que uno de los principales factores de riesgo para cometer un suicidio en la adolescencia era la reanimación durante el nacimiento. Bertil Jacobson, de Suecia, estudió, en particular, cómo la gente cometía el suicidio […]. Concluyó que el suicidio por asfixia estaba íntimamente relacionado con asfixia durante el nacimiento, y que los suicidios violentos en los que se utilizaba algún tipo de instrumento se asociaban con el trauma del nacimiento instrumental […]. Jacobson también estudió la adicción a las drogas […]. La conclusión a la que llegaron fue que si a la madre le habían suministrado algún tipo de analgésico durante el trabajo del parto, estadísticamente su hijo tenía mayor riesgo de convertirse en drogadicto en la adolescencia.” Nikolaas Tinbergen (Nobel en 1973) estudió los factores que podían predisponer durante el período perinatal a la futura formación de una personalidad autista: utilización de fórceps durante el parto, nacimiento bajo anestesia, reanimación e inducción del parto y “Hattori evaluó los riesgos de desarrollar autismo según el lugar de nacimiento. Llegó a la conclusión de que los niños nacidos en cierto hospital presentaban más riesgo de ser autistas. En este hospital en particular, la rutina llevaba a inducir el parto una semana antes de la fecha probable de parto, utilizando distintos tipos de sedantes, anestesia y analgésicos.” (La vida fetal, el nacimiento y el futuro de la humanidad, textos escogidos de Michel Odent. Ed. Ob Stare, 2007) .
En fin, que si alguno de nuestros mayores vuelve a hacer el comentario aquel de ‘en mis tiempos esto no pasaba’, o ‘cómo está la juventud’ igual hasta le doy la razón.

06/06/2008

Misere mei - V

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La historia de Isabel es la historia de Núria, y la historia de Duna, así que vayamos por partes. Isabel es comadrona, una mujer determinada a dar a conocer a las futuras madres la posibilidad de dar a luz en casa, o al menos en un lugar algo más natural que la fría sala de un hospital. Las razones no son estéticas, o románticas, sino de sentido común. Así se te quedaba el cerebro después de oírla hablar. La oí porque Núria me invitó a escucharla.
- He decidido que quiero parir en casa, Óscar, y quiero que conmigo esté mi familia, que son mis amigos. Si aceptas venir tienes que conocer antes a Isabel, es ella la que va a llevar mi parto.
Ante una cosa así uno traga saliva, pero fui, claro: al menos escucha lo que te van a decir, que las palabras son palomas, ya lo dice mi madre, y uno no sabe el mensaje que te van a traer.
La principal queja que tenía Isabel sobre el sistema sanitario residía en el protocolo que se le aplicaba a un parto. La sanidad ha evolucionado tanto en su vertiente técnica como en el de la burocracia, pero ha descuidado la faceta humana. La madre es tratada en los hospitales como una paciente, desplazando el centro gravitacional de este acontecimiento al médico que es quien toma las decisiones. Desde el momento en que la mujer rompe aguas y aparece por la puerta del hospital es tratada como una paciente, encamada y monotorizada. Lo de la posición en la cama (litotomía) es doblemente contraproducente. Para empezar se retrasa la evolución de las contracciones y por tanto se frena el proceso de dilatación. Las hormonas que facilitan este proceso se quedan atrofiadas, esperando una señal que no llega. Lo más lógico sería que la madre diera paseos para favorecer ese proceso y, llegado el momento, continuara de pie, en cuclillas, para ayudar con algo tan básico como la gravedad, a que el niño salga del útero hacia el mundo de fuera. La posición encamada favorece solamente al médico que podrá contemplar los esfuerzos del niño y la madre sin coger una mala postura. En cuanto al proceso hormonal que se ha frenado en su momento, es puesto en marcha de nuevo cuando el servicio médico decide que ha llegado el momento, es decir, no cuando la madre ha dilatado, sino cuando ha convenido según la programación general, los cambios de guardia y demás circunstancias totalmente ajenas al proceso natural. Para colmo, la hormona que se había inhibido es inyectada ahora por vía venosa.
Por otro lado está la episiotomía (incisión para ampliar la apertura vaginal) o directamente las cesáreas, que son una práctica demasiado común en nuestros hospitales, tanto que es frecuente nombrar un parto vaginal en el hospital como si fuera “natura”l. Por no hablar de los enemas preparto, cuya aplicación ni siquiera está indicada por la OMS. “Pero parto natural no es simplemente un parto "sin", sino aquel que se produce gracias a la maravilla de la fisiología, y en el que los procedimientos obstétricos se aplican únicamente en caso de necesidad. Es lo opuesto al parto medicalizado, atendido por la obstetricia convencional, en el cual la tecnología sustituye la fisiología de la mujer, desvirtuando la experiencia del nacimiento, y generando riesgos innecesarios para la madre y el bebé.”
Isabel F. del Castillo

05/06/2008

Misere mei - IV

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Lo cierto es que Montejo de Tiermes, a mediados de los años 50, no difería tanto como cabe suponer de los medios rurales de la Edad Media. Por fortuna ya habían llegado las carreteras, aunque más mal que bien, y con ellas algún vehículo, así que pudieron evacuar a mi padre hasta la clínica que había por aquel entonces en Burgo de Osma, a unos 40 kilómetros, y operarle de urgencia.
Años antes había sido la abuela la que había tenido que ser evacuada. Contaba con más de 40 años cuando tuvo al más joven de sus hijos, mi tío Ángel. Ya llevaba sacados por sus caderas 5 criaturas, así que experiencia tenía para saber que aquél parto no era como los otros. Sacadme de aquí, que no lo cuento, dicen que decía la pobre. Y la sacaron por la misma carretera y con las mismas prisas que llevaron a mi padre, años después, para extraerle aquel apéndice alérgico a las manzanas.
Los otros 5 los había tenido en casa, como todo el mundo antes de que el mundo fuera otro. En el pueblo, dicen mis padres, siempre había habido médico, pero la que asistía a los partos era la Juanita. ¿Y qué será de la Jesusa? Dice mi madre. Pero nadie lo sabe. Ayudó a nacer a tantos niños que ella no ha dejado descendencia. Se fue, pero el dónde y el cuándo es borroso como la leyenda del Miserere, lo que es seguro es que ella estaba en todos los partos. ¿Era la comadrona? Pregunto ¿la mujer que sabía de potingues, la que sabía en qué luna había que plantar las semillas, y conocía el pronóstico del tiempo según el vuelo de los pájaros…? Mi madre me responde que nada de eso, que la Jesusa era la que había asistido a más partos, y por tanto era la que más sabía, y por eso la llamaban, o venía ella, que en el pueblo uno no sabe si escucha o le dicen, que las palabras vuelan más que las palomas mensajeras. Claro, respondo, un poco frustrado por no encontrar el hilo de una historia que me lleve a la rebotica de una bruja como las de Barahona, o como Isabel.

04/06/2008

Misere mei - III

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Apendicitis es la inflamación de la última parte del intestino ciego. Hoy en día es de fácil tratamiento, una simple operación resuelve el caso, pero si no se coge a tiempo la inflamación puede romper la pared del intestino. Llegados a ese extremo, las heces salen de los conductos herméticos donde aguardan para ser evacuados y entran en contacto con la sangre y con el resto de mucosas de nuestro organismo. El desenlace, además de fatal, es muy doloroso y terrible para el enfermo.

Pero ¿por qué cólico miserere? Aquí mi padre ya no me podía ayudar a seguir las pistas de las palabras, había topado con un callejón sin salida: siempre se había llamado así, me decía. Así que pedí el comodín del público, me fui al oráculo de internet y tiré los dados: voy a tener suerte, me dije, y vaya si la tuve. Topé con un artículo de la Revista española de enfermedades digestivas: El cólico miserere (Miserere mei): aportaciones sobre su etimología y características clínicas e hipótesis sobre su aportación en la literatura médica de los siglos XVII-XVIII. En el clavo. El autor, Benigno Acea Nebril, busca el rastro de esta terminología en la literatura médica de los siglos reseñados a partir de los fondos históricos de la Biblioteca de Santa Cruz (Universidad de Valladolid).

Nos cuenta Acea que la oclusión intestinal, conocida como cólico miserere, fue una enfermedad enigmática durante buena parte de la historia de la medicina, y a menudo se la confundía con la apendicitis aguda, ya que hasta los siglos XVII y XVIII no se sistematizó el uso de la autopsia como base del conocimiento médico para esclarecer los motivos de la muerte. La misma terminología para ambas enfermedades venía dada por sus similares síntomas: “vómitos fecaloideos, dolor agudo intenso, y muerte. Estas características, junto al rápido e inevitable fallecimiento del sujeto, debió desencadenar una rápida relación entre la enfermedad, la muerte y los actos religiosos vinculados al sepelio, entre los cuales se encuentra el Miserere, un salmo típico de la misa de difuntos. […] El Miserere conllevaba una súplica o plegaria para la curación del enfermo (miserere, en latín: apiádate).” Y no era de extrañar que se encomendasen al Altísimo visto el cuadro clínico que describe Fray Gil de Villalón en el año 1731: “Este dolor es el más violento y peligroso que puede sobrevenir al género humano, al qual llaman los señores Médicos, hilliaco, y bulgarmente Miserere mei, porque se cierra el conducto por donde han de pasar los escrementos por la parte inferior, con que assi el alimento, como los escrementos, se arrojan por la boca, que es la mayor fatalidad que puede suceder a la naturaleza humana. […] quando el mal está muy abanzado, tienen un hedor que aunque le llaman de escrementos, más parece el de un cadáver corrompido…”. Antes de que en el siglo XVIII y principios del XIX se introdujera, poco a poco, un tratamiento quirúrgico, la única medida ejercida sobre los pobres enfermos era la ingesta de metales. Dice Tissot en 1774 que “creyendo el pueblo que en esta enfermedad están anudados los intestinos, hacen tragar balas á los enfermos, ó cantidades grandes de mercurio… La costumbre de hacer tragar balas siempre es perniciosa, y también lo es por lo común el dar el mercurio; pues estos dos remedios pueden agravar la enfermedad, y servir de obstáculo para la curación…”

03/06/2008

Misere mei II

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Mi abuela Justa padecía anosmia, es decir, no tenía olfato, ni mucho ni poco, simplemente no tenía, como los sordos no tienen oído ni los ciegos vista. Su nariz funcionaba perfectamente para respirar, pero su sensibilidad olfativa era nula. En cambio, su hijo Antonino, es decir, mi padre, no había heredado su carencia, sino todo lo contrario: había desarrollado un magnífico olfato que le proporcionaba más de un beneficio. Montejo no es tierra fértil. Su río, ahora seco, se encuentra lejos, de eso dan fe las mujeres que bajaban por las peñas para lavar la ropa en el río una vez que el lavadero se hundió y nadie fue capaz de levantarlo. El caso es que al no tener agua en abundancia, tampoco hay árboles frutales. La fruta llegaba en carromatos, y de vez en cuando la abuela compraba kilos de manzanas que subían a la cámara los hermanos mayores de mi padre, ya que él era un goloso y mejor tenérselas escondidas. Pero mi padre olía las manzanas nada más llegar a la casa. Su rastro dejaba un aroma dulzón en el portal que subía por las escaleras hasta la planta de arriba. La cámara de la casa de mi abuela Justa es un desván enorme. Aún ahora está llena de cachivaches de todo tipo. Es la parte de la casa que mejor guarda el recuerdo de lo que fue la vida en sus inicios. Se conservan allí los aparejos de labranza, viejos braseros, queseras, candiles, ollas de barro, vasijas, arcas, baúles, mantas y polvo, mucho polvo, como en el ajuar funerario de una tumba egipcia. Mi padre, hecho un renacuajo, se movía con la nariz por delante buscando el nacimiento de ese olor inusual en sus pupilas olfativas, hallado el saco, lo abría bajo el techo inclinado y se sentaba a contemplar los rayos de luz filtrados entre las tejas, el polvo agitado bailando con el sol, sus mandíbulas disfrutando del pecado original cuando todavía era todo inocencia. No se puede decir, a ciencia cierta, que lo que le pasó después de una de estas emboscadas fuera un castigo divino, pero mi abuela no tenía la menor duda. Una mañana después de haberse escabullido a escondidas en la cámara, bajó las escaleras con un trocito de manzana en los labios y un retorcimiento del estómago.
- Un empacho. Te está bien empleado, por glotón y ladronzuelo.
- No madre, no es un dolor de estómago, es como si me reventase por dentro.
Se estuvo hasta medio día con ésas, y el mal no remitía ni a fuerza de manzanillas ni doblándose en la cama.
- Ay dios, que va a ser el cólico miserere, acabó sentenciando la abuela.
- ¿El cólico qué? Interrumpí yo a mi padre cuando me explicaba la historia.
- El cólico miserere, el apendicitis, vamos.

foto: José G. Obrero

02/06/2008

Misere mei

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La partitura del Miserere de Bécquer llega al narrador de la leyenda a través de un viejo legajo que encuentra en la biblioteca de un convento, aunque la historia le llega por boca de uno de los frailes, que a su vez la escuchó de un músico que creía haber escuchado todos los misereres del mundo hasta que encontró a unos pastores que le hablaron del Miserere de la montaña. Picado por la curiosidad decide acudir a las ruinas del convento pese a las advertencias de los pastores. El Miserere de la montaña es un canto sepulcral, el que entonaban los hermanos en el momento en que unos bandoleros sin escrúpulos entraron a degüello en el convento para saquearlo, incendiarlo y matarlos a todos. Sus almas, truncadas en el momento en que se dirigían a Dios, continúan su canto de dolor para maravilla y escalofrío de los vivos que se pierdan por esos montes en la noche equivocada.

Las buenas leyendas borran sus huellas, su vida depende de ello, y frecuentemente intentar seguirlas es tarea estéril. Los misterios, divinos o no, son autos de fe. En cambio las palabras también tienen sus huellas, más o menos borradas, más o menos fáciles de remontar, que a veces esconden una historia...

29/05/2008

El zapato de cenicienta (y III)

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El abuelo las protegía con el mismo celo, pero sin triquiñuelas de ninguna clase. Santiago lo sabía bien: con el abuelo no valían juegos. Santiago era hijo del tío Herrero, y trabajaba en la fragua, pero como en el pueblo faltaba el dinero y sobraban las labores, pasaba temporadas haciendo de mozo ayudando a mi abuelo a labrar el campo. Santiago pretendía a Victorina, la mayor de las tres hermanas, pero se guardaba de ser indiscreto y cuando comía en casa apenas la miraba. En las fiestas todo era distinto, los mozos sacaban a bailar a las mozas, eso estaba claro como el agua, aunque los mayores se lo miraran todo desde la cuesta para ver donde ponían las manos los muchachos, y comprobar que la joven guardaba las suficientes distancias. En una de estas veladas a Victorina le empezaron a doler los pies y decidió ir a casa a cambiarse de zapatos. Los abuelos no estaban a la vista, Santiago les daría confianza porque habían descuidado la vigilancia, así que se fueron para casa pensando que allá se los encontrarían. Sin embargo, al llegar todo estaba a oscuras. Victorina pasó y subió a su cuarto, Santiago había entrado tantas veces en esa casa que no se le ocurrió quedarse en la calle, así que entró al portal. Mientras esperaba descuidado se abrió la puerta y entraron precipitadamente mi abuelo y detrás la abuela. Las palabras las esgrimió ella.
- ¿Y qué haces tú aquí?
- Esperando a Victorina.
- ¿Con la luz a oscuras?
- Era sólo un momento.
- Pues para tan poco rato bien podías haberla esperado fuera.
- Disculpe, señora Amancia…

Pero Santiago apenas tenía oídos para escucharla, sólo ojos, y clavados al suelo, porque el abuelo se lo miraba con la boina calada, las cejas prietas y los ojos pequeños y encendidos. ¡Menudos humos tenía tu abuelo! rezuma Santiago cuando me explica la anécdota.
Conocí poco al abuelo. Se fue cuando yo era un niño, pero recuerdo que era chiquero, la seriedad se le debió reblandecer con los años. Jugábamos a los soldaditos en el portal de casa, sobre una mesa de madera que había labrado hacía muchos años. La abuela le sobrevivió todavía un buen tiempo, velando siempre por las buenas costumbres de sus tres hijas. Un día, en un baúl de la cámara me encontré las libretas que repartía la Sección Femenina, aunque podría decirse el modelo de educación que se practicaba por aquel entonces correspondía más a los tiempos de la República, al menos a los que retrató Lorca en la casa de Bernarda Alba.

27/05/2008

Las 3 hermanas (II)

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Dicen que mi abuelo Higinio era callado y seriote, pero que con una mirada se hacía entender sin necesidad de palabras, sobre todo en lo que se refería a poner firmes a sus tres hijas. Amancia, la abuela, era la que tomaba la palabra, y cuidaba de las tres como si de tres joyas se tratara. Y por ese mismo amor tenía miedo de perderlas, o de que se perdieran, que no es lo mismo, pero es igual. Cuando llegaban las fiestas del pueblo le daba por limpiar la casa a fondo, y ya ves a las tres niñas con los cubos de agua y los estropajos arrodilladas por el suelo de la planta baja, del primer piso… y cuando creían que ya acababan, la abuela se acordaba de la cámara, de los cristales de las ventanas de la cámara.
- Pero madre, si esos cristales no los ve nadie más que los ratones.
- Dios lo ve todo. Arreando para arriba.
Después de pasar todas las pruebas, como si de un cuento se tratase, las niñas podían salir al baile, y esa música era un gusto para los oídos y los pies, que por fin se meneaban después de haber estado encogidos mientras fregaban el suelo. Y si dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno, aquellas fanfarrias debían de resultarles buenísimas, porque llegada la hora de la cena mi abuela las engatusaba diciendo que, pobrecitas, debían de andar rendidas después de tanto trabajo, que se acostaran, que en cuanto llegara la segunda parte del baile, ella subía a despertarlas para que siguieran el baile en la velada. Y las avisaba, sí, pero a la mañana siguiente.
Así un año tras otro, hasta que las niñas, que ya no eran tales, aprendieron a no quejarse: “¿Acostarnos?”, decía una. “¿Cansadas?”, añadía la otra. “Descuide madre, que nos ha criado fuertes”, acababa la tercera.

24/05/2008

Un lavabo de madera (I)

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Hasta el año 1973 no canalizaron el agua del manadero de Pedro, y por consiguiente, hasta entonces el agua estaba en la fuente, sin más cañerías que botijos, cubos y cualquier otro recipiente que se pudiera cargar hasta casa. Los orinales no eran piezas más o menos grotescas de un museo etnológico, eran el excusado portátil donde los vecinos evacuaban. Antes de que yo naciera mi hermano ya había aprendido a sentarse en el lavabo de casa, allá en Barcelona, por lo que los modos del pueblo le contrariaban. Por suerte, mi abuelo Higinio, el abuelo materno, era un manitas con la madera. No tenía oficio de carpintero, sino de labrador, y no tenía buenas herramientas, pero igual que labraba la tierra, labraba la madera. A la que encontraba un rato libre y un tarugo de encina que le inspirase, lo salvaba de la hoguera como quien indulta a un reo a un paso del cadalso. Un rodillo para amasar el pan, una mesa pequeña para jugar a las cartas, un caballo de palo, cualquier cosa salía de su navaja. Cuando vio al nieto en tales tesituras se puso manos a la obra. Había visto los lavabos modernos en las casas de sus hijas, unas en Madrid, la otra en Barcelona, y sabía lo que eran: sillas con un agujero. Así que cortó unos troncos, los unió con travesaños y les plantó encima una madera a la que previamente había practicado un agujero. Juan Carlos, mi hermano, podía ir al baño sin desaprender lo que había aprendido en Barcelona, sólo tenía que bajar a la cuadra y sentarse en la sillita que le había hecho el abuelo. Pero hay detalles que no escapan a la perspicacia de un niño, y después de hacer uso del trono, buscaba la cadena, y claro, no la encontraba.

24/04/2008

Del románico al parque eólico - y IV

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"Las que sí que viven, ¡y no poco!, son las encinas mastodónticas, alguna de más de 800 años de edad, de Valderromán, aldea que se deja a mano izquierda según se avanza hacia naciente por la falda de la sierra, camino de Tarancueña. Aquí, en la Tarankunya de las crónicas sarracenas, nace el sendero más bello de la comarca, que permite plantarse en un par de horas en la vecina Caracena -un puente medieval, un castillo, dos iglesias románicas y 11 vecinos- caminando por el cañón del río Adante, un paraje de soledad 10 en la escala Robinsón, sólo mitigada por los buitres que hacen guardia en los acantilados.
Tampoco se ven multitudes en Retortillo de Soria: sólo cuatro ancianos sentados al sol que rebota en el frontón, mirando los muros caídos de su patria chica, que debieron de ser magníficos a juzgar por las dos puertas que quedan en pie. Por Retortillo, cuando Castilla aún era joven, pasó con doce de los suyos Ruy Díaz de Vivar, para acto seguido cruzar la sierra en pos de Miedes de Atienza, ya en territorio moro. Diez siglos después, lo único que ha cambiado en este puerto sin nombre ni tráfico, por el que se vuelve de nuevo a la parte de Guadalajara, son los generadores eólicos que se descubren a diestra y siniestra, plantados a lo largo de toda la cresta. Al Cid, que poseía varios molinos en el río Ubierna, difícilmente le habrían placido estos que ni muelen nada ni tienen molinera."

23/04/2008

Del románico al parque eólico - III

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"Además de iglesias románicas, la ladera guadalajareña alberga el monumento natural de la laguna de Somolinos, una charca en forma de media luna, de 300 metros de largo, orlada de carrizos y choperas, donde el recién nacido río Bornova se vuelve un espejo. Por el norte asedian el oasis varias gargantas sedientas, fantasmales, cuyos escarpes fingen proas de barcos naufragados en el remoto mar que dio origen a estas espesuras sedimentarias. Al adentrarse a pie en ellas se descubre un escenario onírico, todo piedra, todo alma. ¿Sierra de Pela? Mejor le iría Pelá.
Para ver la otra ladera, la soriana, hay que tirar por la carretera de Ayllón y tomar, entre Grado del Pico y Santibáñez, el desvío señalizado hacia el yacimiento de Tiermes, las fabulosas ruinas de la ciudad celtíbera que los romanos conquistaron en el año 98 antes de Cristo, siendo cónsul Tito Didio, y convirtieron en la Pompeya española, una animada urbe con teatro, piscinas climatizadas y mansiones de hasta 35 habitaciones, dejando el mondo cerro de arenisca en que yacen sus restos más agujereado que el decorado de Bricomanía. ¡Y pensar que hoy en esta esquina del suroeste de Soria apenas vive nadie, ni un alma por kilómetro cuadrado, menos incluso que en el Sáhara!"

foto: flickr

22/04/2008

Del románico al parque eólico - II

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"Protegida del paso del tiempo por una burbuja invisible -probablemente del mismo jabón que eliminó de los mapas del progreso la céntrica sierra de Pela-, se conserva en Albendiego la iglesia de Santa Coloma, que es de arenisca bermeja, como casi todas las de la comarca, y cuyo elemento más llamativo es un ábside semicircular con tres altos ventanales cerrados por celosías de piedra tallada. Por estas ventanas caladas -que, más que de canteros, diríanse labor de encajeras- se cuela en la única nave una luz espectral, asaz misteriosa, aunque bastante misterio es que unos hombres se reunieran aquí cada tres horas, día sí y día también, hasta el fin de sus monótonas vidas, para loar al Creador del variado universo. Quizá por eso la Reconquista se demoró 781 años. Las llaves del templo, grandes como espetones para asar pollos, las guardan en el único bar.
Albendiego forma parte, junto con Villacadima y Campisábalos, de la llamada ruta del Románico Rural de Guadalajara. La iglesia de San Pedro de Villacadima tiene una portada con arquivoltas de decoración geométrica -insólita en el románico-, y en el interior, grandes arcos que llegan hasta el suelo. En la de Campisábalos, además de un ábside plagado de canecillos con escenas de caza y un atrio de solemnes arcos semicirculares, puede admirarse, decorando la fachada de la capilla del caballero San Galindo, una representación escultórica de los 12 meses del año con sus correspondientes faenas agrícolas. A esto, los que van de eruditos le llaman mensario."

foto: flickr

21/04/2008

Del románico al parque eólico - I

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Hace unas semanas ’EL Viajero’ dedicó un cuidado artículo a las tierras que vertebra la Sierra Pela. Digo ’vertebra’, aunque más realista sería decir que ’divide’, porque pese a la proximidad entre las comarcas segoviana, guadalajareña y soriana que se derraman de sus laderas, no hay carreteras que unan los pueblos y las gentes de ambas caras. Para transitar de unos a otros hay que dar un rodeo inverosímil, o atreverse a pie o con caballo, como hiciera el de Vivar camino del exilio. Excursión, por otro lado, recomendable.

Este es el primero de 4 post, pero quien quiera consultar el artículo en su fuente, lo puede hacer desde este enlace:

Campos, Andrés "Del románico al parque eólico: contrastes de la sierra de Pela, la solitaria frontera de Soria y Guadalajara" en ’El Viajero’ (EL PAÍS), 22 de marzo de 2008.

"Soñamos con poder vivir en Marte, y la sierra de Pela, que es un catálogo deslumbrante de páramos y barrancos colorados, registra una de las densidades de población más bajas de nuestro planeta: 0,8 habitantes por kilómetro cuadrado. Y qué no darían muchos ricos por viajar atrás en el tiempo y, como suele decirse, mirar por un agujerito cómo era la Edad Media, en tanto que la iglesia visigótica de Pedro y la románica de Villacadima, por citar dos perlas de aquella época, se quedan no pocos fines de semana como la ratita presumida, sin que nadie las vea. Debe, pues, concluirse que nos atrae lo inaccesible y que si la sierra de Pela, en lugar de estar a una hora y media de Madrid, cayese en la cara oculta de la Luna, habría varias expediciones de la NASA en marcha y turistas rusos dispuestos a desembolsar cien millones de euros para contemplarla desde una nave orbital y gente corriente soñando con colonizar, ¡oh, felicidad!, ese mundo rojo y vacío.
La sierra de Pela -que otros dicen de Miedes, y otros, para que haya más variedad, de Atienza- es la misma que el Cid cruzó en 1081, al expirar el plazo que el rey le dio para salir de Castilla, dejando a sus espaldas la actual provincia de Soria y entrando en tierras musulmanas, cual eran entonces las de Guadalajara. Un siglo después, sin moros ya en la cresta, los agustinianos fundaron en la ladera meridional el monasterio de Santa Coloma de Albendiego, y a su calor brotaron media docena de aldeas en las que pocas cosas han cambiado desde aquellos días, ni para bien ni para mal. Hasta el vendedor ambulante que abastece semanalmente estas soledades con su camión frigorífico se anuncia soplando una trompetilla, como si fuese pregonando bulas en vez de pescadillas."

03/04/2008

El graderío - y III

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Pero todo esto venía por lo del graderío, que ya se me ha vuelto a ir la castaña. Decía que los programadores no tenían problemas a la hora de repetir las películas (bueno, de los de ahora ni te cuento), y que con tanta procesión, hostia y colonia Nenuco, uno no acababa de verlas acabar. Yo tengo la sensación de haber visto Espartaco y la Biblia tropecientas veces, pero acabarlas, lo que se dice acabarlas… pues mis dudas tengo. Aún así, la preferida por todos era Ben-Hur, con Charlton Heston dándole con el látigo a los caballos, derrapando en la arena del circo y luciendo músculo cuando Stallone y Swarzenager todavía eran enclenques proyectos de simios.
Los paisanos y los arqueólogos podían tener las dudas que quisieran, pero para nosotros estaba claro: el graderío era un circo, y después de pasar por Berlanga el Heston se había venido a dar una vuelta por Tiermes con sus cuádrigas.

01/04/2008

El graderío - II

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Lo cierto es que la sabiduría popular daba por hecho que el boquerón unía Tiermes con Caracena, y la sima del cerro con el Infierno, pero nunca había escuchado tajantemente a ningún paisano hablar sobre el Graderío Rupestre. Por chocante que pareciera en eso estaban de acuerdo los paisanos con los arqueólogos. Algunos decían que eran las gradas de un circo, otros que del teatro, otros incluso que si era un merendero, pero ninguno lo afirmaba con total seguridad, y en eso echaban la culpa a los estudiosos, que no acaban de encontrar la solución. Para mí estaba claro. Cada Semana Santa los programadores de Prado del Rey se tomaban vacaciones. Tanto la uno como el UHF emitían lo mismo: que si Marcelino Pan y Vino, que si la Biblia, que si las Misas y las procesiones… Semana Santa eran la colonia Nenuco luchando contra el remolino de mis rizos, el traje de domingo y el olor a cirio y moho de iglesia. Todo el pueblo apretujado contra el frío y desafinando en armonía con el señor cura, el de la voz de oro: “y mira que canta mal, el pobre, pero él erre que erre, ¡canta todos los salmos!”, que decía mi madre.

Después estaban las procesiones donde la tía Costan tapaba con su vozarrón a la del cura, a dios gracias, los monaguillos manejaban con destreza el incensario, y Epi oficiaba la subasta para ver quién le quitaba el manto de dolor a la Virgen. Para los chavales todo eso eran rituales más o menos aburridos, lo que nos gustaba era alborotar en misa. Durante toda la semana íbamos atesorando las monedas que Emiliano nos daba de cambio cuando le comprábamos golosinas. Cuando llegaba la misa subíamos al primer piso, donde el viejo órgano dormía, y esperábamos a que el monaguillo pasara por las últimas filas, justo encima del balcón. A quien le tocara ejercer sabía que le iban a llover pesetas y duros, y más que intentar cazar las monedas al vuelo, se protegía la mollera. Una vez, en plena eucaristía, el cura le soltó un bofetón a Carlos, que hacía de monaguillo, por jugar con el plato frente la barbilla de no sé quién. Fue la hostia más sonada, en el vermú no se comentaba otra cosa. Al cabo clausuraron el piso de arriba y el órgano se acabó de quedar solo, con el gorgoteo de las palomas y su guano.

31/03/2008

El graderío - I

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En el segundo número de la revista de historia ‘Nonnullus’, Joanna Matías presenta la primera parte de un estudio pormenorizado sobre el yacimiento celtíbero-romano de Tiermes. Es de acceso libre, así que podéis consultarlo al completo en esta dirección, aquí sólo destacaré lo referente al Graderío Rupestre.
El graderío es una serie de escalones escavados en la maleable roca de la zona. Se encuentra fuera de lo que habría sido el recinto fortificado de la ciudad, junto a la Puerta del Sol, donde los celtas ya celebraban los ancestrales ritos de las uvas y las campanadas (bueno, aquí igual exagero un poquito) junto al Manzanares. Como apunta el artículo, se han atribuido múltiples funciones a esta edificación: “anfiteatro, teatro, templo celtíbero, lugar de sacrificios, exhibición de cadáveres…” pero nada ha quedado del todo claro pese a las distintas campañas de excavación efectuadas in situ con las consecuentes catas arqueológicas. Todo parece indicar, apunta la autora, a que el espacio tuviera una múltiple funcionalidad, ”ante la ausencia de otros edificios de espectáculos de tipología romana, la necesidad de amplios espacios de ámbito público demandó en Tiermes la existencia de este tipo de espacio a la manera de un campus, funcionalidad ligada al desarrollo de juegos y deportes o para otras actividades lúdicas y de esparcimiento necesitadas de áreas amplias al aire libre, de las que no se excluyen aquellas conectadas con rituales religiosos. (…) [aunque] la única base cierta es que se trata de un edificio público, destinado a albergar a un número de personas, pero no se tiene definido su uso.”

Matías Cruz, Joanna. “Yacimiento celtíbero-romano de Tiermes (I)” en Nonnullus. Revista de Historia nº2. Enero-Abril 2008, pp. 11-26

26/03/2008

El escabeche

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Pero claro, no todas las liebres iban a ser tan listas, y alguna acabó en la cazuela. Ahí va la receta del escabeche, válida para pollo, conejo, liebre, perdiz o codorniz, según gusto y temporada. Hay quien escabecha también el cerdo, pero como el escabeche es un guiso, pero también un método de conserva muy bueno, y la carne de cerdo tiene ya muchos otros medios para durar el invierno, pues en casa no se hacía.

Trocear la pieza y poner los pedazos sobre el fondo de la olla.
Cubrirlos con dos porciones de aceite por una de vinagre (blanco).
Añadir 2 dientes de ajo enteros.
2 hojas de laurel.
Y de granos de pimienta, una cucharada sopera.
Cocerlo todo a fuego lento durante 15 minutos (tiempo para olla exprés, ojo)
Dejarlo enfriar y comérselo, que para eso se hizo, y no para mirarlo.

Buen provecho.

13/03/2008

Cartuchos - y IV

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Claro que no sólo los cazadores y sus hijas tienen en herencia sangre pícara, que también las liebres han aprendido a base de disgustos, y ésta de la que ahora hablo, seguro que tenía alguna cuenta pendiente con Santiago. Andaba la escopeta jubilada en algún rincón de la cámara, estaba el matrimonio tomando un vermut con mis padres en el chiringuito de Manolo, allá sobre la nada que envuelve las ruinas de Tiermes. Pegaba el sol y andaban charlando en las mesas de afuera, cuando una liebre salió de entre los matorrales para quedarse mirando a Santiago. Eran demasiados años de correrías por el campo como para quedarse igual, así que se levantó y abandonó a los presentes.
- ¿Dónde vas, Santiago?
- Y yo qué sé. ¿Tú has visto cómo me está mirando?
La liebre, tonta ella, dio media vuelta y se alejó unos pasos. Ya Santiago iba a volverse cuando la vio de nuevo parada moviendo los bigotes como diciendo ¡Estoy aquí! El instinto le volvió a marcar los pasos. Dio uno, dio dos, y la liebre brincó de nuevo. La persecución duró un buen rato. Desde la mesa mis padres y Victorina lo veían alejarse entre los matorrales mientras su cerveza se iba calentando al sol. La liebre jugaba con él dejando que se le acercara lo justo para que se quedase después con la miel en los labios. Al final lo dejó marchar, la liebre a mi tío, quiero decir. Parece que sacó un reloj del bolsillo y se dio cuenta de que era muy tarde, tenía una cita con Alicia y claro, no podía faltar.

13/03/2008 09:50 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores Hay 1 comentario.

12/03/2008

Cartuchos - III

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A semejanza de las Normas de Caballería, los cazadores tenían su propio código de conducta. No se podía cazar en época de celo, ni en época de cría. Tampoco se podía utilizar la estrategia de la espera, es decir, aguardar el regreso de la presa junto a la guarida descubierta. Por último, para no jugar con ventaja, no se podía salir de caza cuando la nieve había hecho acto de presencia denunciando con su impronta el rastro de cualquier bicho viviente. Aún así, los buenos cazadores tienen un poco de caballero y otro poco de pícaros, y me explicaba mi padre que más de una y de dos veces, tuvo que correr a esconderse con Santiago ante la llegada poco oportuna de los agentes rurales.
La fascinación por la caza no sólo hechizaba los ojos de los niños, aunque Raquel, la hija de Santiago y Victorina, no era cualquier niña, era la Pipi Calzaslargas de la familia. Antes de que tuviera perros ni coche, Santiago salía de casa con lo puesto, escopeta al hombro y camina que caminarás hasta donde le llevaran sus largos pasos de montaraz. En una de éstas Raquel, que andaría por los 4 años, salió de casa siguiéndole a distancia. ¿Dónde córcholis iba su padre desentendiéndose de ella? Así anduvieron 3 kilómetros, porque la pioja no dijo ni mu, consciente debajo de su pelambrera de que si era descubierta aún le llovería un broncazo. Así llegaron hasta la mojonera de Liceras, cuando Santiago se giró pensando que el ruido entre las zarzas era una perdiz que había levantado, y descubrió que no, que la que se había levantando era su hija, hija que aquel día escuchó las blasfemias más gordas de su vida.

11/03/2008

Cartuchos - II

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Entonces y todavía ahora tengo mis recelos con la caza. No acabo de verle la gracia a eso de disparar contra un bicho inocente, aunque reconozco que cuando compro en el mercado estoy pagando para que otro haga el trabajo sucio. En todo caso está claro que no tengo la sangre fría del matarife, una vez pesqué un sardo, y de sólo mirarlo enganchado al anzuelo estuve una semana entera comiendo verdura. Pero ese es otro tema. A mí, más que la caza me gustaba el campeonato de tiro.
Por un día veías a los adultos compitiendo entre ellos como si fueran niños: ¡Plato! La máquina soltaba un latigazo y el disco aparecía cortando el cielo. Un disparo tronaba y el disco, hecho añicos, se deshacía en el aire. Nadie salía mal parado, y cuando el concurso acababa el campo era nuestro. El tiro al plato, como la tanguilla o el campeonato de guiñote, se celebraba en fiestas, así que el campo ya estaba segado y podíamos correr entre los surcos de los tractores sin que nos cayeran un par de sopapos. Parecíamos auténticos espigadores cuyo tesoro no lo constituía los restos olvidados de la cosecha, sino los discos que se habían salvado de los disparos y del impacto contra el suelo.
En verdad se salvaban pocos, porque los discos, que parecían platos por lo cóncavos, eran frágiles y negros como la pizarra. Si encontrábamos alguno entero jugábamos a la rana lanzándolo a las aguas tranquilas de nuestro mar de cebada. Con los cartuchos hacíamos colección. Sus colores nos hipnotizaban con la seducción que sólo tienen las cosas prohibidas de los mayores, y los escondíamos entre las piedras de un muro venido abajo, junto a un paquete de cigarrillos y las páginas arrancadas de algún interviú de los 80.

11/03/2008 09:56 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores Hay 1 comentario.

10/03/2008

Cartuchos

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Mi tío Santiago era herrero, como su padre, pero yo no lo conocí en la fragua. Cuando yo nací la fragua ya era un negocio desahuciado, los dos únicos mulos del pueblo, el del Román y el del Leandro, cargaban sin herrajes, y sin herrajes soportaban nuestras diabluras. Pese a que la fragua servía de peña en las fiestas, o de almacén para el ayuntamiento, Santiago seguía siendo el Herrero, un mote no se deshace así como así, y menos si se ha forjado al fuego. Aunque también podrían haberle llamado el Cazador. La primera imagen que de él tengo es con la escopeta al hombro, un cinturón del que cuelgan docenas de codornices, y una jauría de chuchos saltando en derredor suyo.
Le gustaba madrugar, cosa que yo no entendía porque los animales, a mi entender, no tenían que ir a misa, por lo que estarían todo el día alborotando por el campo. Pero parecía que no. Solía montar las batidas con su hermano Alfredo. Los perros, que olían la salida de lejos, como olfateando la presa, se ponían nerviosos la noche antes y se les oía ladrar agitados en la parte de atrás de la casa, donde antes se guardaba el ganado. Por la noche Victorina preparaba las fiambreras y Santiago limpiaba la escopeta. A mí me encantaba espiarle mientras rellenaba los huecos de su cinturón con cartuchos de colores. No me atrevía a pedírselos, pero él sabía que se me encendían los ojos con aquellos juguetes prohibidos, y de vuelta siempre me traía un puñado que estaban vacíos. No era lo mismo, pero bien estaba.

10/03/2008 11:32 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores Hay 1 comentario.

27/02/2008

Barquillos

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Atravesamos Sol para llegarnos hasta Callao y de ahí a San Bernardo. Enfilábamos por la calle menos transitada para evitar la multitud de Preciados, cuando una melodía balcánica sedujo el oído de José, amante incondicional de Kustorica. Volvimos sobre nuestros pasos y nos internamos entre el gentío para disfrutar de una orquesta callejera: violonchelo, acordeón y ocho o nueve instrumentos de viento insuflados de vida por unas bocas risueñas y desdentadas. Cuando acabaron y ya nos íbamos descubrimos otro vividor de la calle, un truhán la mar de divertido que ataviado de cheli madrileño, vendía barquillos.
En la romería de Tiermes los paisanos de toda la comarca se acercaban a la ermita con manteles y cestas para hacer una comida campestre. Emiliano, el del estanco, tenía alquilado un puesto en los soportales y allá vendía a los romeros lo que se hubieran olvidado, pero también venían vendedores ambulantes, que por la novedad eran los que llevaban la voz cantante.
- ¡Barquillos de canela y miel, que son buenos para la piel! ¡Barquillos con una pizca de vainilla, que hacen cosquillas!
El barquillero llevaba su mercancía en una especie de bombona metálica para proteger de los golpes a sus frágiles barquillos. Podías comprarlos, me cuenta mi padre, pero también podías tentar la suerte. Sobre la bombona había un volante, una rueda de la fortuna donde estaban marcados los números, del 0 al 9. Pagabas dos reales, le dabas a la rueda y la suerte estaba echada. ¿Un barquillo, siete, ninguno..?
El típico barquillero madrileño resultó ser de cualquier lugar menos de Madrid, tal vez paisano de los de la orquesta, pero había imitado a la perfección el acento madrileño y su desparpajo. Nos echamos unas risas mientras nos explicaba el funcionamiento de la ruleta entre chascarillos imposibles de reproducir por su frescura, y le acabamos comprando unos cuantos, claro, para llevarle a mis padres y para nuestra merienda.

16/02/2008

Abraza la Tierra - y III

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16/02/2008 13:45 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores No hay comentarios. Comentar.

14/02/2008

Abraza la Tierra - II

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Por azares de los abrazos el ojo de Soria comentaba hace unos días la película "El viaje inverso" de la que en su momento también nos llegó el eco por estos pagos. Lo que se me había pasado desapercibido era que Abraza la Tierra había sido una de las mecenas del proyecto, motivo añadido para aplaudir su trabajo, sobretodo cuando lees titulares como "Se vende pueblo" que también recogía el Ojo de el blog pueblos abandonados, una página dedicada a inventariar con rigor el censo de los pueblos abandonados de España, o en proceso de serlo. Una lista en la que uno desea no conocer a los censados, ni que te toquen de cerca. Aunque alguno habrá, porque mirando el mapa que adjunta el autor del blog, a uno se le parte el alma cuando ve la profusión de estos pueblos echados a perder en las provincias de Segovia, Guadalajara y, cómo no, Soria.
Acertadamente Lima comentaba que sobre la despoblación, ningún político ha hecho ofertas de esas con las que se les llena la boca en los tiempos que corren.

13/02/2008

Abraza la Tierra

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Como surgido del Libro de los abrazos, Ricardo Soriano, que pese el apellido, es de Albacete, me pasó la dirección de Abraza la Tierra, y de paso el guiño cómplice de alguien que, como yo, alberga el sueño, difuso, pero sueño al fin y al cabo, de abrazar la tierra, los árboles y la vida fuera de las grandes ciudades.
La Asociación pretende dar respuesta al grave problema de la despoblación en el medio rural, y entre sus objetivos están el de crear una red de oficinas locales que asesoren al nuevo poblador e inventariar los recursos de las zonas a estudio.
Tienen 15 proyectos en funcionamiento ubicados en las dos Castillas, Aragón, Cantabria y Madrid, y cuatro de ellas están en Soria: Almazán, Abejar, San Estebany Ágreda.

06/02/2008

El becerro de oro y la bañera de bronce - VII

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"La leyenda del "becerro de oro" retoma la imagen del ídolo del Antiguo Testamento y la aplica al mito del deseado oro de Tiermes. Esta leyenda, totalmente moderna, es conocida por los habitantes actuales de la comarca, que desconocen en cambio su reciente origen. Incluso, algunos la creen en parte. También es muy reciente (de los años 1930) la leyenda de la “bañera” de oro o bronce encontrada por el arqueólogo Blas Taracena mientras excavaba acompañada de su joven hija y un grupo de obreros de la zona. Según se cuenta, nada más apreciar Taracena el valor (se supone que monetario) de su descubrimiento, dio el día libre a sus obreros y quedó a solas con su hija junto al hallazgo. Naturalmente, al día siguiente el valioso objeto había desaparecido y los obreros no volvieron a ver “la bañera”, de la que Taracena nunca habló a nadie. Esta historia indica que para muchos lugareños de principios de siglo la labor de los arqueólogos era no documentar el yacimiento sino apoderarse de tesoros, de los que Tiermes estaban seguros rebosaba en sus entrañas."

Extraído de Gentes de Tiermes

04/02/2008

Tesoros imposibles - VI

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"En 1888, Nicolás Rabal cuenta que los naturales de la zona creían que la "plaza de armas del castillo" (el Castellum Aquae) albergaba encerrados "inmensos tesoros", sucediendo que "unos vecinos de Berlanga de Duero emprendieron este invierno la exploración en busca de los supuestos tesoros" siguiendo la dirección del acueducto (el túnel, caño o boquerón) y sus claraboyas. Afortunadamente para la integridad de las ruinas, las exploraciones demostraron pronto ser inútiles y no llevar a ninguna parte, por lo que los vecinos desistieron. Con el hallazgo a fines del siglo XIX de las llamadas pateras de Segovia, dos cazos de plata labrada con inscripciones depositadas hoy en la Hispanic Society de Nueva York, y del hallazgo repetido a los pocos años y en el mismo lugar de otras dos nuevas pateras (hoy extraviadas) la ambición de los lugareños convirtió Tiermes por unos años en lugar de peregrinación y expolio. Según Rabal, durante una larga temporada todo el mundo se dedicó a realizar hoyos y excavaciones a lo largo de los restos de la ciudad. "Aquellas buenas gentes no dejaban piedra sobre piedra y destruían todo cuanto encontraban a su paso como no fuera un objeto de plata u oro". "Despertose ... de tal modo la codicia de los naturales que todos, hasta el viejo Santero de Ntra. Sra. de Tiermes, se dieron a arañar la tierra sin dejar un palmo", y el hallazgo de 11 anillos de oro con piedras preciosas grabadas alentó aún más a los excavadores, sobre todo cuando unos vecinos de Sotillos hallaron 11 monedas de oro y 97 de plata. "Fortuna ha sido que estos labradores ... no hayan tenido constancia... de otro modo este invierno pasado hubieran acabado para siempre las ruinas de Termancia ". Rabal cuenta que en una vivienda descubierta en 1886 había "un pavimento de grandes baldosas de mármol "pulimentadas en la parte superior" y las paredes "estaban revestidas" de "pintura con adorno y figura", pero el labrador, en "despecho de no haber encontrado una olla de dinero o algún objeto de plata u oro" lo deshizo todo. Sentenach alude en 1911 a la fantasía de los lugareños que "les hace soñar con deslumbradores descubrimientos". "Consérvase entre ellos memorias de algunos muy notables, de tesoros riquísimos que fueron llevados en noche célebre por unos del Burgo de Osma, tan bien informados que no tuvieron más que cavar en determinado sitio para dar con tanta riqueza, abandonando hasta la cena preparada por no perder un momento en alejarse de allí, logrado su objeto ". En resumen, los “tesoros” hallados en Tiermes a finales del siglo XIX y la ambición popular han estado a punto de causar la demolición de los restos de la ciudad. Mucho vestigios seguramente se han deteriorado o perdido para siempre en el transcurso de las búsquedas "de tesoros" y "dineros" por los lugareños y por personas llegadas ex profeso desde otros lugares.”

Extraído de Gentes de Tiermes

21/01/2008

Una de rosquillas

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3 huevos
2 tazas de azúcar
1 vaso pequeño con aceite de oliva
2 tazas de leche o 2 yogures naturales
la rayadura de la piel de un limón (o en su defecto, emplear yogures con gusto a limón)
casi un kilo de harina
3 sobres de levadura

Mezclar los condimentos uno a uno en el orden de la lista: primero batir los huevos, luego añadir el azúcar (mezclar), ponerle el aciete (mezclar)... La harina hay que echarla poco a poco y a través de un colador para que se mezcle mejor. A medio paquete añadir la levadura y seguir con la harina. Para amasar bien la masa conviene huntarse las manos con un poquito de aceite, y al acabar, se ha de dejar reposar de 2 a 3 horas.

Para darle forma a las rosquillas se puede hacer un churro y unirlo luego, o bien hacer una bolita y hacerle un agujero, va por gustos. El acetie (un litro más o menos) no debe estar ni muy frío ni muy caliente, y la sartén ha de ser honda. La rosquilla se ahuecará y una vez que coja esponjosidad y buen color de piel, la sacaremos con la ayuda de 2 tenedores o de una cucharrena. Para que pierda un poco de aceite va bien poner una servilleta de papel en la fuente que se lo absorva. ¡Ah! Y el azúcar se ha de espolvorear antes de que se enfríen.

Tres vueltas al pueblo en trote ligero son suficientes para quemar semejante fuente de calorías.

Buen provecho!!!

ps: en esta dirección hay unas fotos ilustrativas. en esta receta le añaden anís, que no está nada mal, claro que no: http://www.mirecetario.es/pages/recetas_autor/rosquillas_fritas_julia.htm

07/01/2008

La ilusión, supongo

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Noche Buena, la Misa del Gallo y los villancicos en casa, al amor de la lumbre, que fuera hacía frío y el especial de Navidad lo daban las llamas. ¿Nochevieja? Cuando te acostabas sabías que era el último día del año, y al alba, el primero. Uvas y campanadas nunca hubo en el pueblo. La Ribera del Duero está cerca, a 25 kilómetros está San Esteban con la Denominación de Origen que llega hasta Aranda y Peñafiel, pero en Tiermes no hubo más campanas que las de Misa, y uvas, las prensadas en el vino de las botas. “Y en Reyes, ¿había cabalgata la víspera y regalos a la mañana?” Aquí mis padres casi se tronchan de risa. El abuelo se disfrazó una vez, me dice mi madre, vete tú a saber con qué, se cubriría la cabeza con un gorro de paja, porque muchos trajes no había por casa. Lo fuimos a buscar a la fuente. No sé qué traería, la ilusión, supongo. Gaspar, Melchor y Baltasar, los tres en uno, una versión reducida de los Reyes antes de que llegara el gordinflón ese que cuelgan de los balcones. Los juguetes los hacíamos nosotros. Con una caja de cartón y una cuerda llegaron los primeros autos a la aldea. Las muñecas eran del trapo que les sobraba a las mujeres en sus labores. Había dulces, sí, una especie de turrón que llamábamos guirlache, muy oscuro por la miel y repleto de frutos secos. También nos daban alguna moneda. Podíamos tenerla todo el día, y a la noche la devolvíamos a los padres, como la figurita del roscón, que si te toca eres el rey por un día.

04/12/2007

Trazas una línea... - (adenda II)

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La línea gruesa marca la demarcación provincial en 1783, según Tomás López, la línia de puntos indica la actual.

04/12/2007 08:43 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores No hay comentarios. Comentar.

03/12/2007

Trazas una línea... - (adenda)

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Límite provincial de Soria en la división de 1833, mapa según Gómez Chico.

Ortega Canadell, Rosa. Las Desamortizaciones de Mendizábal y Madoz en Soria. Soria : Obra Cultural de la Caja de Ahorros y Préstamos de la Provincia de Soria, 1982

22/11/2007

La huella del diablo - y IV

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Evidencias no faltaban, pero nadie se echó las manos a la cabeza hasta que llegó la fiebre y con ella la primera vaca muerta. La lengua se les ponía lila y la leche se les agriaba nada más entrar en contacto con el aire. Las terneras les tenían miedo a las madres y no se les acercaban ni para mamar de ellas. Si por la noche no paraban de mugir, el ganadero sabía que a la mañana siguiente sólo encontraría cadáveres en su establo. Aquello podía ser peligroso para las personas, así que, a falta de veterinario o médico, exorcista o boticario, decidieron que el mal tenía que morir allá donde había nacido.
Al romper el alba del día siguiente una caravana de cencerros subía la carretera del monte. Las pocas vacas que quedaban con vida subían la cuesta como quien va al matadero. Ni se extrañaron cuando el arriero las sacó del camino y las metió entre senderos más propios de cabras. Se detuvo la comitiva al borde de la sima, tal vez conscientes del sacrificio que estaban a punto de hacer, y a las voces de sus amos se despeñaron por la gruta como ballenas que se suicidan en una playa olvidada.
La sima sigue en su sitio, pero no rezuma azufre y unas rocas de la obertura se despeñaron, de modo que se le cerró la boca al diablo. Le ha crecido romero y tomillo por los bordes, igual que a la huella de la roca que ahora está cubierta de líquenes. El diablo parece haberse olvidado de nuevo de ese rincón del mundo, tal vez por el mucho trabajo que le da el resto.

foto: http://www.flickr.com/photos/ontalvilla/454421124/

22/11/2007 08:27 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores No hay comentarios. Comentar.

21/11/2007

La huella del diablo - III

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Después del susto el pueblo recuperó el sosiego. Pasaron unos días de calma, tanta, que los nubarrones escamparon y el sol brillaba desde la amanecida hasta el ocaso. La bonanza de los últimos tres años se extinguió en tres semanas. La primera consecuencia de la falta de lluvias fue la mengua de pastos. Las laderas recuperaron sus tonos pardos y los vaqueros cada vez tenían que ir más lejos para encontrar prados verdes en los que sosegar el apetito de sus vacas. Fue en éstas que un pastor de buena pasta, encontró la boca del diablo.
Se encontraba con su junta de bueyes atajando por medio del monte, cuando descubrió una calva allá donde antes había matorrales. A medida que se acercaba el terreno se hacía más árido y un tufillo a azufre mataba el aroma del espliego. Cuando entró en el círculo pelado vio en el centro un agujero negro de esos que decían que había en el firmamento, y antes de verse abducido como una estrella, corrió al pueblo para contarlo.

foto: http://www.flickr.com/photos/astrovinni/3002669/

21/11/2007 09:29 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores No hay comentarios. Comentar.

20/11/2007

La huella del diablo - II

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Eligió una noche sin luna para no dejarse ver, aunque notarse, lo que se dice notarse, lo notó el pueblo entero. Era la hora de la cena, las aldabas estaban echadas y la lumbre calentaba el hogar, cuando la tierra se estremeció como si uno de esos dinosaurios hubiera vuelto a pasearse por sus dominios. Salieron los vecinos a la calle, no fuera a caérseles la casa encima, pero después de comprobar que las paredes seguían en su sitio y comentar lo sucedido, volvieron cada uno a su casa, no fuera que el gato les robara la cena. Al mes siguiente, cuando un pastor dio con la sima, todos le encontraron explicación a aquel temblor de la tierra, pero no adelantemos acontecimientos, que todo tiene en su momento.
El caso es que el diablo andaba suelto y se llegó hasta el pueblo olisqueando la belleza de la joven moza, pensando que sería una víctima fácil para sus malas artes. Erróneo vaticinio, pues nada más verla se olvidó de sus planes, y si quería conquistarla era porque él ya había sido conquistado. Le ofreció su reino, ya que corazón no tenía, pero ella lo rechazó sin miedo ni arrogancia, poniendo colorado de rabia al pobre diablo. Dicen que se iluminó todo el pueblo con los destellos de su ira, y los vecinos volvieron a salir a la calle pensando que tras el terremoto ahora tocaba un incendio. Tocaron las campanas de la iglesia y formaron una cadena desde la fuente hasta la casa de la chica tirando cubos de agua sobre las llamaradas. El diablo salió con el rabo mojado y entre las piernas y cuando los vecinos entendieron lo sucedido fueron tras de él por el camino del cementerio jaleándole y tirándole los cubos vacíos a la cabeza.
Con la carrera se le habían secado los chichones y la cornamenta, y volvía a vérsele colorado y echando humo más allá del campo santo. Dicen que se apoyó en una roca para recuperar el resuello, y en cuanto tuvo aliento se giró a los campesinos para maldecirles con toda su mala baba. Estaba tan encendido el hombre que su huella quedó allí grabada para los siglos venideros.

foto: http://www.flickr.com/photos/massarimauro/2046684104/

19/11/2007

La huella del diablo - I

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En el monte había una sima que llamábamos “la boca del diablo”. También había pisadas por toda la comarca, y en el norte de la provincia, en las Tierras Altas, habían descubierto huellas gigantes de dinosaurios, pero que nosotros sabíamos del maligno. De nuestra parte las más espectaculares eran las que se encontraban en el camino del cementerio. Tenían forma humana, pero eran mucho más grandes. Había quien decía que las había dejado el diablo cuando la tierra acababa de nacer y las rocas eran maleables como el barro, pero la historia que más nos seducía era otra.

Eran tiempos de bonanza. En los últimos tres años había llovido más de lo que alcanzaban a recordar los más viejos. Los pastos que antaño sólo servían para cabras y ovejas, se extendían por las lomas en tonos verdes nunca vistos. Algunos ganaderos incluso se habían atrevido a comprar vacas lecheras en la feria de San Esteban, y al acabar el tercer año de lluvias casi todas las casas tenían una o dos cabezas de vacuno. Tan bendecido se sentía el pueblo que los vecinos bromeaban diciendo que por fin habían entrado los cuernos en su casa, aunque fuera por el establo, que de tan insignificante que era el pueblo, ni el diablo había dado cuenta de él. Pero ya se sabe que a según qué huéspedes mejor ni mentarlos, que se lo toman como una invitación.
Maduraba por aquellos tiempos una joven que dejaba boquiabierto por su belleza. Se contaba que quitaba el habla de lo guapa que era. Los arrieros detenían sus carros cuando se la cruzaban en los campos, y un cura hubo que cambió de parroquia para alejarse de la mujer que rivalizaba en su corazón con la mismísima Virgen María. No tenía novio y aunque todos le profesaban amor, nadie parecía atreverse a declarárselo, hasta que apareció el diablo.

foto: http://www.flickr.com/photos/pedroarpon/460265136/in/photostream

08/11/2007

el refugio y III

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El sr. Albert había pagado la entrada delante mío, y una vez dentro nos confesó que de niño él había puesto su granito de arena para construir el refugio. El cura de la parroquia había organizado al grupo de niños de la catequesis para cargar los bancos de la iglesia hasta el refugio. Jugaban a que eran camilleros en el frente mientras veían a los hombres afanarse en acabar las obras. La guerra estaba lejos y todo era emocionante. Había bajado al refugio docenas de veces cargando los bancos y siempre había encontrado gente yendo y viniendo ocupados en mil quehaceres, pero después fue distinto: 1200 personas apiñadas temiendo que las paredes cediesen no era el mejor ambiente para imaginarse juegos. Las familias ocupaban su porción de espacio cargadas con un equipaje improvisado por si al salir su casa se había convertido en una montaña de escombros. Recordaba a una mujer que bajó con su vajilla de porcelana como si fuera su tesoro más preciado. Las bombas caían lejos, pero una de las baterías antiaéreas estaba en la falda de Montjuïc, justo encima del refugio. Cuando empezó a disparar parecía que perforaran la tierra. La mujer se asustó tanto que se le cayeron las tazas y se hicieron añicos contra el suelo. Hasta aquel día el sr. Albert no recordaba haber sabido lo que era el miedo. Era un niño sin pesadillas, ni monstruos acechando debajo de la cama o dentro del armario. Aquel día el silencio de aquella multitud era un lodo que le pesaba sobre los párpados. Nadie hablaba, nadie miraba a la pobre mujer que intentaba recomponer la porcelana de su angustia mientras seguían los cañonazos. Pese al calor asfixiante el niño Albert sentía que el sudor de su cuerpo era frío, que sus manos estaban heladas y su corazón encogido.
"¿Y qué siente ahora que ha vuelto al refugio después de tantos años?" preguntó una mujer que formaba parte de la visita. "Nada. Pensaba que me iba a afectar, la verdad, pero pesa mucho más el recuerdo de mis amigos jugando a que éramos camilleros. ¿Sabe? La mayoría de gente que dice que con Franco se vivía mejor, no saben lo que dicen, y no crean que lo digo por una cuestión política. Lo que pasa es que entonces éramos jóvenes, y es tan hermoso ser joven que somos capaces de olvidar todo lo demás."

06/11/2007

el refugio - II

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El refugio estaba pensado para albergar unas 1200 personas. No estamos hablando de un agujero excavado en la tierra, se trata de todo un sistema de galerías de más de 200 metros, sistemas de ventilación, iluminación, letrinas, alcantarillado, etc., todo un lujo, sí, si olvidamos las razones por las que la gente se hacinaba en ellos. El cálculo era preciso: lleno de gente el refugio tenía aire para que cada persona respirase sin dificultad durante una hora, después el ambiente empezaba a enrarecerse. Había estrictas normas para evitar el despilfarro de oxígeno: no se podía correr, ni se podía entrar con animales, aunque perros y gallinas hubieran salvado a sus amos. Los animales se ponían nerviosos mucho antes de que sonaran las sirenas, y sus dueños lo interpretaban como señales inequívocas de alarma.

Al principio la gente no tenía miedo a los aviones, hasta entonces no se habían utilizado en ninguna guerra para bombardear ciudades, y más que miedo lo que la gente sentía era curiosidad, hasta el punto de que subían a los terrados para verlos como quien admira unos fuegos artificiales. De este modo la aviación italiana y alemana masacró a la población civil en lo que para ellos no era más que un ensayo de la II Guerra Mundial. Una vez que se comprendió el peligro la gente no dudaba en correr a refugiarse, pero desde que los aviones eran avistados hasta que se daba el aviso y por fin sonaban las sirenas, pasaba demasiado tiempo. A veces los bombardeos y las sirenas eran simultáneos, y la gente corría despavorida.