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Tiermes

Asco

Cuando me hablaron de la brutalidad con la que los regímenes se habían ido sucediendo en Liberia no acababa de dar crédito. Para empezar me resultaba inverosímil que los afro-americanos descendientes de esclavos llegados a Monrovia en el siglo XIX fueran a practicar la única forma de sociedad que hasta entonces habían conocido: el de la esclavitud, y que para colmo, antes de que los afrikáners inventaran el apartheid en Sudáfrica, ellos ya lo estuvieran llevando a cabo con las tribus locales. Cuando leí por mí mismo las páginas de Ébano me recorrieron escalofríos a cada párrafo. Ahorro la pormenorizada descripción de guerras, represiones y lista de dictadorzuelos y remito a la obra de Kapuscinsky, pero reseño el último episodio del presidente Doe muerto tras coserle a balazos las piernas y arrancarle las orejas mientras Johnson, su antiguo hombre de confianza, le pide que revele su número de cuenta bancaria. Esta escena dura en realidad 2 horas y está grabada en video por el torturador. El odio que había atesorado Doe entre sus súbditos era tal que la filmación de su agonía se vendía en los mercados de Monrovia y los bares que se lo podían permitir lo tenían continuamente en la pantalla para regocijo de sus clientes.
La mañana del viernes, leyendo el periódico, topé con una noticia sobre Chechenia, esa otra guerra que tampoco existe. En el mercado negro de Moscú se vendían cintas de violaciones de mujeres chechenas a manos de soldados rusos, o atentados perpetrados contra estos últimos. Para todos los gustos, vamos. Después está lo de los adolescentes con móviles que se dedican a grabar las palizas que propinan a indigentes o compañeros indefensos y a uno le dan ganas de emigrar bien lejos. A Mongolia, por ejemplo, que es tres veces España y tiene menos de 3 millones de habitantes.

Tanka

Busca el oasis
en la sed del náufrago
saciar sus dudas.
”¿Tiene eco mi silencio
o seré alma de otro?”

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de Gemma paso el testigo a José y Jordi

Las reglas del juego son las siguientes (aunque lo de las 31 sílabas y su disposición irregular me parece a mí que no puede ser si la estructura estrófica obligada es 5-7-5-7-7):
. Cada jugador invitará a dos participantes, indicando las reglas del juego y avisándolo en el blog.
. El invitado al que se le pasa la estafeta iniciará la composición con la frase "pivote" del participante anterior, quien deberá resaltarla en cursiva o en color rojo.
. La forma será de Tanka (poesía japonesa tradicional). La estructura constará de cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas.
Un tanka puede ser un texto dividido en cinco partes, usando treinta y una sílabas o menos, permitiendo que fluya la prosa poética, dictando la longitud de las líneas que quedarán separadas por signos de puntuación. (La disposición de las sílabas puede ser irregular pero siempre conservando el mismo número de versos). El invitado elegirá la unidad rítmica que prefiera.
. Debe existir el concepto "pivote", o eje del poema. En algun punto de la tercera línea va a existir una imagen que relaciona o liga las dos primeras con las dos últimas.
. El tema será libre.
. Cada participante debe señalar el blog del que proviene y enlazar a los invitados.

11 de marzo

11 de marzo

Leía la entrevista mientras esperaba mi turno en la cola del comedor. El calendario voló hacia atrás y las lágrimas que no fui capaz de sacar entonces afloraron mientras el camarero cargaba mi café. Me escondí tras los deportes. Ya en la mesa pude comer el bocadillo, pero aquella noche de marzo y las siguientes me fue imposible cenar. Pegado a la televisión y a sus mentiras notaba mis seis o siete metros de intestino dando vueltas y haciéndose nudos como para estrangularme.
Leyendo a esta mujer se deshacen los nudos en lágrimas vivas.
Sólo es una persona, pero celebraría que su carácter se contagiase como una epidemia invacunable.

Lo grotesco, después de Carnaval

Lo grotesco, después de Carnaval

En mi cuartilla de párvulo la Cuaresma era una vieja alcahueta que tenía siete patas y en la mano un pescado enorme con el que había destronado al pobre rey Carnal. La derrota, como cualquier golpe de estado, sumía a los ciudadanos en una nostalgia cenicienta cuyo único consuelo era arrancarle las patas a aquella Celestina de malos humores. Una por cada semana. Otros regímenes no otorgan ni siquiera este atesoramiento de la esperanza, pues la vida de sus líderes se eterniza hasta incluso después de su muerte. Pero se van a joder, y no van a conseguir acabar con mi penúltima sonrisa. Habrá llegado Cuaresma, pero los paseos cada vez se hacen más largos bajo la luz del sol. Cerezos y almendros ya están en la vanguardia mostrando sus flores y dentro de poco estornudaremos ante la orgía del polen en el aire.

Carnestolendas

Carnestolendas

El día de la tortilla no había tortilla, sino una merienda en los prados al salir de la escuela. Iban las cuadrillas con sus bolos de pan, una especie de empanada cuya masa llevaba huevo cocido y chorizo -¡casi nada!- para que los niños tuvieran en las papilas gustativas el recuerdo de la carne que no habrían de probar durante la inminente Cuaresma.

De disfraces había dos tipos. Un mozo de los que iban a llamar a quintas se vestía con un mono de trabajo que le fuera grande, y rellenaba el hueco entre su cuerpo y la tela con manojos de hierba y paja. La cara se la cubría con una careta cuya humilde confección se limitaba a agujerear la tapa de una caja de zapatos. Los niños corrían detrás de él y se aprovechaban de la poca destreza del mamarracho para propinarle patadas, golpes y piropos malsonantes, pero cuando más embriagados estaban surgían de las callejas el resto de quintos vestidos con la ropa interior de antaño, unos calzoncillos largos de esos que salen en las películas de vaqueros, y una camisa blanca por encima. Por cinturón una sarta de cencerros que anunciaba su presencia y en la mano una tralla con las que se fustiga a los animales, sólo que ahora servía para hacer correr a los pequeños que antes habían atizado al hombre de paja.

Encuentro en un artículo de Ángel Almazán titulado "La muerte del Carnaval" argumentos que certifican la defunción de la fiesta desde que “se instauró la democracia-partitocracia actual”, y cita a etnólogos de la talla de Julio Caro Baroja quien ve la fiesta desprovista de “sus encantos y turbulencias” desde que ha sido “reglamentada siguiendo criterios políticos y concejiles atendiendo a ideas de orden social, buen gusto, etc.”. Y le doy la razón, pero extiendo su defunción a la Navidad, la Semana Santa y otras fiestas de guardar que se han convertido en un espejismo ritual de lo que debieron ser, reducidas a una mezcla de vacaciones gastronómicas, unas cuantas películas en technicolor de Charlton Heston y una peregrinación por las calles de los centros comerciales para deglutir los alimentos que (te damos gracias, señor) estamos a punto de vomitar. Si algo tiene de bueno el Carnaval es que no es una fiesta oficial en el calendario aunque las rúas, chirigotas y pasacalles sean subvencionadas por las partidas presupuestarias de cultura, turismo y festejos haciendo que se pierda su espontaneidad y convirtiéndolo en “una máquina de diversión de casino pretencioso” (Caro Baroja).

Almazán asegura en palabras de Franco Cardini que las fiestas tradicionales están perdiendo su idiosincrasia al triunfar la visión lineal y homogénea del tiempo a la vez que se pierde el concepto cíclico de la Naturaleza. Bajtin utiliza también esta idea para criticar la lectura (y su complementario, la escritura) lineal y cerrada (él la denomina épica) donde no cabe interpretación, y la cuestiona frente a la estructura carnavalesca de las novelas satíricas donde las lecturas son múltiples (como múltiples son las máscaras) y cada una de ellas permite entrever una burla a la voz homogénea del discurso imperante.

Referencias aparte, a uno se le antoja que el Carnaval no está moribundo, sino que se escapó de los desfiles y no se encuentra en las rúas subvencionadas donde Clos muestra sus michelines a ritmo de salsa (Forum 2004, qué pena que no he encontrado la foto, era como ver a Homer Simpson pero sin asomo de gracia), sino que está en las carrozas del día del Orgullo Gay, en los botellones y las raves ilegales, o en cualquier otro espacio y momento donde uno pueda quitarse la careta que lleva puesta durante el resto del día.

San Cipriano y la Tarara

San Cipriano y la Tarara

A estas alturas cualquiera que haya ojeado este blog se puede preguntar: ¿y qué tiene que ver Tiermes con Marruecos? Bien, bueno, me encanta que me hagan esa pregunta, por eso mismo me la hago yo. Resultaría un tanto ridículo venir con el cuento de la huella árabe en Castilla, que la hay, como huellas de dinosaurios, pero no justificarían al ojo ajeno una relación entre Soria y el Parque Jurásico, ¿verdad? Me temo que es una percepción emotiva y por tanto subjetiva. Como lo de considerar la comarca de Tiermes el paisaje de mi infancia cuando en realidad sólo he pasado los veranos y las fiestas de guardar. Y será así, pero llegaba el día en que hacíamos las maletas y los males del alma me bajaban al estómago. Mis padres achacaban mis mareos a las curvas de la carretera, al olor a tapicería y tabaco del 850, pero la angustia empezaba la noche antes, cuando hacíamos la ronda por las casas de la familia para despedirnos hasta el año que viene. Por eso aprovechábamos la última noche jugando al bote en la plaza o comiendo pipas en el portalejillo. Y al amanecer, sin apenas haber dormido, me atrincheraba en el asiento de atrás mirando al pueblo que se alejaba cuesta abajo y desaparecía en el último remonte. El resto del año en Barcelona, pero teniendo al pueblo como medida de todas las cosas. Y eso es algo que no se quita uno de encima tan fácilmente, aunque ni siquiera se dé cuenta.
La primera vez que fui consciente de mi Tiermescentrismo fue en un concierto de flamenco en la sala Apolo de Barcelona. No daba crédito, estaban tocando la canción que cantábamos los mozos en las fiestas del pueblo aunque, eso sí, le habían cambiado la letra. La nuestra afirmaba la santidad de nuestro patrón pese a los rumores que le atribuían las malas lenguas:

"Dicen que San Cipriano desayuna con aguardiente,
Pero a pesar de todo San Cipriano es muy decente,
San Cipriano sí, San Cipriano no, San Cipriano niño de mi corazón.

Y dicen que San Cipriano tiene dos mujeres,
Pero a pesar de todo San Cipriano es muy decente,
San Cipriano sí, San Cipriano no, San Cipriano niño de mi corazón."

Se lo comenté al amigo que me acompañaba y me miró escéptico, como si hubiera dicho una barrabasada: “Es la Tarara”, me dijo. Más tarde descubrí que Lorca había utilizado la misma composición popular para sus propias creaciones y que Camarón le había dado voz. Lo mejor de todo es que mientras escribía estas líneas se me ocurrió buscar por Internet para enlazar con la tonada, y encontré una página donde se encuentra la letra y el archivo midide la Tarara, sólo que la presentan como canción popular de Soria cuya armonía es de un tal Jean Turellier, y cuya letra, a medida que va avanzando la canción, se hace más y más picante, tal y como la que yo conocía.
Ahora me falta por saber quién era ese tal Tureillier.

Los nombres

Me pregunta Gemma que si al Ayuntamiento de San Leonardo no se le ha ocurrido quitarse el Yagüe de turno, o si es que en el pueblo los hay orgullosos de tal apellido.
Témome que sí, que también los habrá … aunque me gustaría más pensar que es el desinterés el que mueve (o inmoviliza, más bien) a la gente del pueblo.
Aún así, para qué engañarte, Castilla -y Soria no se escapa- tiene un alo fachorro incrustado en la artritis de los huesos. En multitud de pueblos abundan los letreritos de hojalata con los nombres de las calles que de leerlos te viene dolor de barriga. Suerte que los niños acostumbran a hacer puntería con sus escopetas de balines y te ves los nombres de ilustres majaderos acribillados por las marcas de los perdigones.
Nombres de calles, por otro lado, que nadie conoce como tales. La de mi casa en Montejo lleva el nombre de un médico (ni me acuerdo, fíjate, uno de la santísima trinidad fáctica) y Maribel no daba crédito cuando le di mi dirección un verano que ella se fue por ahí de picos pardos: “Óscar Sotillos, Montejo de Tiermes, Soria”. Y llegaron las cartas, vaya que si llegaron.
En todo caso la gente conoce las calles por otros nombres: la calle de la iglesia, el camino del cementerio, la plaza del juego de pelota, el cruce del bar, y no les preguntes por las andróminas oxidadas que alguien colgó hace decenios en las esquinas de las casas, porque nadie te sabrá contestar.

Leonado

Leonado

San Leonardo de Yagüe está ubicado en el extremo norte del Cañón de Río Lobos . Es una ruta magnífica para gente de cualquier edad y experiencia, ya que transcurre por el lecho del río con las espigadas paredes del cañón a uno y otro lado, por lo que es imposible perderse. Atractivo añadido son los buitres y águilas que habitan las oquedades de la roca. Cualquier época es buena, pero mi preferencia es el otoño, pues los álamos amarillean y visto el cañón desde las peñas parece una serpiente que cambia de piel y muda de color. Un octubre de los que en Barcelona todavía parecen veranos, fuimos a perdernos unos días y a la vuelta los árboles de las avenidas nos parecían falsos, plantas de plástico bajo el efecto invernadero de la urbe.

Pero también es bueno el verano, hay más horas de luz y podemos alargar el camino hasta cansarnos. Yo me llegué hasta San Leonardo de Yagüe , y en la oficina de turismo quise abreviar el nombre y pregunté por los intereses de Yagüe. La chica que atendía me miró con malos ojos y me espetó que bastante mal tenían con el apellido que le habían puesto al pueblo como para que encima le recortaran el nombre. Le pedí que me explicase, que yo había abierto la boca sin conocimiento, y me explicó que el insigne general Yagüe,  responsable asesino a sangre fría de 4000 rojos en Badajoz durante la sublevación, había recibido como regalo del caudillo no una calle, plaza o placa con su nombre en su pueblo natal, sino que le habían cambiado el nombre al pueblo añadiéndole su apellido!

Claro, le pedí disculpas y la invité a un café después de que colgara el letrerito de “ahora vuelvo” en la puerta de la oficina. Son las ventajas de que haya poco turismo en la provincia. En la confianza de la barra me confesó que lo de San Leonardo también tenía enjundia: ella aseguraba que el nombre era Leonado, por lo de los buitres, y que el santo se lo habían colgado por razones semejantes a las del paisano castrense.

(fotografía de José Delgado Pascual)

Perfil del aire

Perfil del aire

Entre Soria y Córdoba todavía no hay línea de Alta Velocidad, pero hay conexiones mucho más eficaces que las de los trenes que nunca llegan, la amistad, por ejemplo.

José García Obrero es un poeta (aunque se ruborice) de Santa Coloma de Gramanet (aunque cordobés). José es un caso opuesto al mío en cuanto a su relación con la tierra: mientras que yo, desde Barcelona, idealizo a Soria y concretamente a la comarca de Tiermes, José decidió después de vivir en  Roma y Barcelona, volver a la tierra cordobesa. Nada es bucólico cuando se convierte en real, y a José le ha costado más de un año y un disgusto hacerse un hueco en la ciudad.

Cuando él volvía por Barna o yo bajaba a verle su nostalgia era siempre la misma: venir de dos ciudades con semejante vida cultural le pone las cosas difíciles a cualquier otra, pero Córdoba, además, parecía darle la razón a los versos de Lorca: “Córdoba, lejana y sola”: lejos de su esplendor remoto, sola y aburrida de sí misma.

No hay cosa peor que la nostalgia, y no hay mejor vacuna que construir, en tiempo presente, un futuro: que no hay vida cultural, me la invento. Y lo cierto es que sí la había, y a medida que su propio proyecto iba fraguando sobre las mesas de los bares, iba descubriendo lo que se ocultaba debajo de las ruinas.

Hace unos meses nació PDA, que no es un agenda electrónica, aunque lo parezca, sino las siglas de Perfil del Aire, poemario de Cernuda del que se ha servido el colectivo (porque el proyecto no es sólo de José) para dar nombre a su revista.

Con iniciativas como ésta se consiguen cosas, la capitalidad europea de la cultura en 2016, por ejemplo.

Predicar en el desierto

Predicar en el desierto

Lo que son las cosas: hace 30 años la España fascista se desintegraba ante la agonía de Paquito el chocolatero, también conocido como Franco, mientras la colonia del Sahara Occidental se desmantelaba a todo correr y sin orden bajo la presión del reino alauita. La inminente independencia de los saharauis se vio arrollada por una marcha que de verde sólo tenía el color de los tanques y soldados entre la población civil. España se limpió las manos al más puro estilo Pilatos, y dejó que Mauritania y Marruecos se disputaran un territorio donde el rey (sí, sí, el nuestro, ese tierno abuelito) había prometido poco tiempo antes a sus habitantes, plena soberanía. El Frente Polisario dejó de ser un grupo terrorista contra los intereses españoles en el Sahara, para pasar a ser un ejército en guerra con dos países. Mauritania se retiró, y Marruecos sigue ahí, haciendo gala de una represión que haría enrojecer al mismísimo Paco. ¿Y España? A lo suyo. Parece más importante levantar alambradas en Ceuta y Melilla o arañar unas cuantas millas de mar para la pesca. Cada uno vela por sus intereses, pero leñe, ¡un poco de seriedad!
Y bueno, ¿todo esto a qué viene? Pues que ahora se han cumplido 30 años de tan infame momento para la historia de España y se montó una mani con autobuses fletados desde todo el país. De 20 a 30 mil personas entre Atocha y la Plaza Mayor de Madrid. Y digo yo que este blog lo lee poca gente, pero menos todavía habrán leído las reseñas que la prensa publicó sobre semejante acontecimiento. Hurgando, hurgando logré encontrar alguna nota de agencias (no iban a poner un reportero propio cada periódico), y en la tele ni media palabra. No les culpo, 8 millones de manifestantes según el médico, el cura y el alcalde, se manifestaron ese mismo día en contra de la LOE.
Sé que es reducir las cosas, pero yo me siento un poco como los saharauis, arena en el desierto proclive a suspirar aquello de “no somos nada”, como la canción de la Polla Records, ¿se acuerdan? “Somos los hijos de los obreros que no pudisteis matar, somos los hijos de los que perdieron la guerra civil… ¡No so-mos na-da!” Y por el contrario, los tropecientos miles de millones que se pasearon por la tarde en los madriles al son de la COPE si que eran alguien, eran los otros, como en la peli de Amenábar.

Caminito del agua II

Caminito del agua II

XXIII

—¡Buenos días! —dijo el principito.
—¡Buenos días! —respondió el comerciante.
Era un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por semana y ya
no se sienten ganas de beber.
—¿Por qué vendes eso? —preguntó el principito.
—Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se
ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
—¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
—Lo que cada uno quiere... "
"Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos —pensó el principito— caminaría suavemente hacia
una fuente..."

A. De Saint - Exupéry

Caminito del agua

Caminito del agua

El agua de Montejo viene de Pedro, Pedro no es ningún señor, Pedro es un pueblo de la comarca, un pueblo escondido entre los montes de la Sierra Pela, con una ermita de origen visigodo y un manantial de agua que es un primor. En pleno agosto, bajo el sol tórrido y seco de la meseta, los pies dentro del agua se te ponen morados de puro frío. Pedro tiene el don del agua, y con él un abrigado manto de huertos y árboles que le dan frutos y vida.

Aunque no creo que una cosa tenga relación con la otra, el año en que yo nací canalizaron el agua del manantial y la hicieron llegar hasta Montejo. Se asfaltaron las calles y se hicieron alcantarillas y cada vez que llovía el agua corría calle abajo en vez de encharcarse. Hasta entonces las mujeres iban a la fuente a recoger el agua. Lo que son las novedades, aunque el agua fuera la misma, sabía más rica del botijo que se llenaba en la fuente que no si se llenaba del grifo, y una de las tareas que más nos gustaba hacer a los niños era ir con el botijo vacío hasta la fuente y escuchar el eco del agua llenando el recipiente de barro. El premio era el prestigio de volver por las calles con el botijo lleno cambiando de lado el peso a cada esquina, sonriendo a los vecinos sin mostrar esfuerzo. Otro ritual era el de echarse un trago. En las comidas el protagonista era el vino, y la bota su vehículo. Mi tío jugaba a impresionarme y a fe que lo conseguía. Alzaba el cuero por encima de la cabeza y lo inclinaba sobre sí. El chorro le daba de lleno en la frente, y un río de sangre le bajaba por el entrecejo en camino hacia el labio superior, y de ahí a la garganta. Como no tenía bastante con la acrobacia, permanecía tiempo con el brazo estirado. Yo pensaba que iba a ahogarse, pues para mí respirar y tragar eran indivisibles. Cuando le imitaba (sin la proeza de la frente, sino directamente al gaznate) debía hacer esfuerzos, primero, para sujetar el botijo por encima de la cabeza, y después para no atragantarme.

La fuente, además, era refugio apartado, quedaba por debajo de la iglesia y del frontón, enfrente de la fragua y camino del cementerio, un lugar ideal para jugar a cartas sentados en cuclillas y descubrir el color de las braguitas de las niñas. También hacíamos espiritismo, contábamos historias de miedo y jugábamos a verdad, acción o beso. Las bicis esperaban en el suelo su turno para las carreras, y los renacuajos nadaban tranquilos ante la pausa que les dábamos. El pilón de la fuente había sido abrevadero, pero con los años, después de que prohibieran que los animales atravesaran el pueblo, había quedado en desuso. Los renacuajos proliferaban ya que su único depredador éramos nosotros, cazadores avispados que enseñábamos sus cuerpos como triunfos y observábamos su transformación en rana con la misma inquietud que a nosotros nos llegaba la adolescencia.

Verdad, acción o beso. Las chicas elegían la verdad, pero nos mentían, los chicos elegíamos acción para demostrar nuestro valor llamando a la puerta del estanquero a altas horas de la noche y escurriéndonos por los callejones. El beso, siempre se dejaba para el final, era el regalo secreto. El pilón fue testimonio de besos furtivos y de espectáculos corales, como el de Miss y Mr camiseta Mojada – Montejo de Tiermes antes de que ninguna discoteca lo utilizara de reclamo en sus noches de viernes. En vez de llenar globos de agua y echárnoslos encima, cogíamos entre todos a uno, o a una, y acabábamos con él en el pilón. Cuando la rueda comenzaba sabíamos que no pararía hasta que todos y cada uno hubiéramos pasado por el agua. Los renacuajos, pobres, se escondían debajo de las piedras, y nosotros removíamos el fondo.

La fuente está muy cerca de la plaza, así que en fiestas no es espacio para confidencias de tan concurrido que está. Algún año, incluso, la peña se ha hecho en la fragua, justo en frente, por lo que la proximidad del pilón y el elevado consumo de alcohol hacen más que probable que más de uno acabe la fiesta mojado por dentro y por fuera. “¡Al pilón, al pilón!” es la frase que se corea cuando los músicos son malos, o se quieren ir a dormir demasiado pronto o dedican demasiadas canciones a los del pueblo de al lado, pero que yo sepa, nunca se ha tirado a ningún músico. Los que sí han caído, casi por sistema, son los que llegan nuevos cada año. Amigos de amigos, catalanes o madrileños, es fácil llevarles hasta la fuente, hacerles sentar en el pilón y en un descuido, hacerles pasar por el ritual de iniciación, un bautismo de agua y ron.

La fuente tiene todas las épocas. Pero tal vez el recuerdo más definido es uno que se mantiene sin importar los años. Es el del silencio que habita al final de las escaleras donde jugábamos a cartas, el silencio como una roca, y el agua como una raíz o como un silbido que se abre paso.

Via Crucis

Via Crucis

No he encontrado la foto. En su lugar pongo esta otra: “Trata de blancas” (1894). Maruja Torres habla en su columna del 6 de octubre en el País de un cuadro de Sorolla que se encuentra en un hotel de Miravent(Palma de Mallorca), concretamente el Nixe Palace. Han sido muy amables dándome el título cuando les he llamado: “Tipo soriano” de 1912. Cuando buscas en el google “tipo soriano” te sale una barbaridad de cosas, curiosamente casi todas en italiano. Soriano, en la lengua de Dante, es el nombre con el que se conoce a los gatos comunes. Toda mi pantalla llena de bigotes y maullidos. Me parece demasiado volverles a llamar y pedirles que me hagan una foto digital y me la envíen.
Sorolla nace en Valencia en 1863. En la página web del Museo Sorolla comentan ante sus escasas pinturas de realismo social, que era temática obligada en los certámenes, de ahí que de vez en cuando encontremos alguna entre sus cuadros a orillas del mar, llenos de luz, instalado en sus lienzos el ocio y un sol que invita a la siesta.
El “Tipo soriano” debió de presentarse en algún certamen, tal vez es un viejo, o joven, de mirada cansina y rostro demacrado, campesino, obrero, pobre en cualquier caso, porque Maruja lo saca a relucir mientras mira lo que sucede en las fronteras de Ceuta y Melilla. No hace tanto nosotros huíamos así de nuestra tierra. Sí, claro, no es lo mismo. He llegado a escuchar a un gallego que lo suyo no fue emigración: “yo no cambié de país, me quedé en el mismo”, aunque me gustaría escuchar lo que le hubiera respondido cualquier nacionalista (me da igual de qué nación). También he oído decir que los emigrantes que vienen con papeles, con contrato y todo eso, son bienvenidos, pero los que llegan así, de ilegales, sólo pueden venir a robar o a traficar con droga, aunque lo mejor que he registrado fue uno que dijo sentir asco al ver a una negra rebuscando en la basura. “Yo entiendo que allá no tengan de nada, pero para que vengan aquí para hurgar en la basura, mejor se quedan en su país”. Tal vez no tengan basura, se la comen toda, debí responder, pero en lugar de eso me enzarcé en una discusión que acabó en taquicardia y, por supuesto, desacuerdo. Bueno, todos estaban de acuerdo en que yo no tenía razón.
Antes de leer a Maruja Torres tenía una imagen de todo esto, me imaginaba a un africano saltando la valla, acribillado a tiros por los dos bandos, cayendo al vacío hasta que los alambres le detienen y queda allí colgado. Sangrando con llagas en las manos, en la frente, en la cara… como un Jesucristo puesto al día.

Via Crucis

Via Crucis

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De plantas y subvenciones

Las tierras de Soria están pobladas por infinidad de plantas con propiedades medicinales, tal y como acredita el hecho de que una marca soriana haya extendido su mercado por todo el país. En Tiermes abundan el poleo y el té de roca, aunque la escasez de lluvias en el último año ha reducido notablemente su presencia. Aunque sin duda la vegetación más conocida es la de los cultivos de cereales tan presente en la obra de Antonio Machado.
Desde que tengo memoria los campos que anegan la comarca han sido terreno de trigo, avena y cebada, pero con los años se fue introduciendo el girasol y más tarde el lino. Eso dio pie a la picaresca, ya que resultaba más práctico y económico plantar lino y dejarlo pudrir con el único propósito de recibir la subvención, que no recogerlo, procesarlo y distribuirlo. Algún año más tarde, al atravesar las últimas tierras antes de llegar a Montejo descubrí un nuevo cultivo a banda y banda de la carretera. Detuve el coche y nos internamos en el campo para ver de cerca la planta. Creí reconocerla, pero no acababa de creérmelo. A la tarde, conversando con José Luís, uno de los agricultores con quien más confianza tengo, le pregunté inocentemente cuál era el nuevo cultivo que cubría los montes.
- ¡Marihuana, Óscar, marihuana!
Aquel año la Unión Europea subvencionaba el cultivo del cáñamo. Los campos de Castilla a los que el poeta había dedicado hojas y hojas de somera poesía en consonancia con el paisaje, se cubrían de marihuana, alta como una persona y rezumante de perfume. Pero después de la sorpresa inicial, José Luís añadió:
- Pero no tiene alcaloides.
Demasiado bonito, sin duda. A partir de ahí José Luís me explicó que cuando él era joven y capitaneaba la peña del pueblo, tenían un pequeño huerto donde cultivaban marihuana y que el día de la fiesta hicieron, entre otras cosas, una gran marmita donde mezclaron cogollos y ofrecieron el jugo resultante a todos los paisanos del pueblo. Habría dado una fortuna por mirar por el ojo de la cerradura (o por estar presente) y participar de una fiesta pagana y alucinógena, a la par de las antiguas bacanales.

Metafísica del trapo

Metafísica del trapo

Hay pinzas que duermen esperando la próxima colada. Sueñan con ser palo mayor y someter al viento que hincha las sábanas de las azoteas. Hay velas que se apagan en los cumpleaños, que dibujan deseos en sus sombras de humo, y hay velas que se encienden ante santos, que consumen su vida de cera para cumplir. Las velas de los barcos persiguen estelas, las sábanas de los terrados evocan sueños. Colores y formas puestas del revés, aromas venteados al cielo raso.
Luminosas y teñidas para ser vistas, las banderas no responden al azar de la ropa tendida. Solitarias, cuando van en compañía siguen igual de altivas, vigilando que ninguna ondee más alta. Las fiestas de los pueblos les devuelven la inocencia que nunca tuvieron, y los niños juegan a adivinar su procedencia.
Hay trapos para todos los gustos. Los budistas, por ejemplo, extienden cuerdas con pequeñas telas de colores, y en ellas escriben oraciones. Cuando el aire las mece, el eco de sus palabras es aireado y esparcido como polen de buenas voluntades.
Las hojas de un libro son algo más pálidas, pero también profesan una fe ciega por la belleza. Es contagioso, una mariposa chupa el néctar de una flor, y fertiliza a otra. Un lector abre un libro...

(el título del artículo es también el título de un libro de poemas de María Eloy-García)

ceniza

ceniza

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Celebraciones

Celebraciones

Hace 99 años Justa González llegó a este mundo.
No sé de donde venía, pero decidió quedarse un tiempo con nosotros.

Felicidades, abuela.

fuego

fuego

Sólo he vivido tres incendios en mi vida. Uno de ellos ni siquiera lo vi. Miguel volvió corriendo del campo. Una chispa de la cosechadora había prendido el trigo que estaba segando. Yo me colé en un coche de la pequeña caravana que se hizo desde el pueblo hasta la finca, pero el fuego había sido controlado. El lobo sólo había enseñado los dientes. El segundo de los incendios tampoco llegué a verlo. Esta vez fue más grave, ardían los pinares, no era el rastrojo que prende enseguida pero también se consume rápido. Aquel era un incendio con hambre y devoró lomas enteras. Desde el pueblo se veía el humo ascender hasta el cielo y llegaba un olor muy distinto al de la lumbre, los troncos que arden secos son en sí mismos una pira funeraria, la arboleda en llamas huele a vida que se escurre hacia un cielo convertido en infierno. Todo acabó y no hubo que lamentar ninguna vida humana. El tercero, y en el que sí participé activamente fue en el mismo pueblo. Una casa ardía en llamas. Todos los vecinos nos volcamos, cada uno trajo su cubo, tinajas, regaderas, cualquier cosa que sirviera para aplacar las llamas. La cadena unía la casa con la piscina de un vecino. La piscina se vació, el fuego se apagó. Esa es mi poca experiencia.
Pero tengo un amigo, Juan Carlos se llama, que decidió hacerse bombero. Está luchando contra unas oposiciones insufribles, más altas que el Windsor y casi tan estúpidas. Las plazas salen a cuenta gotas en un país donde lo que falta, precisamente, es el agua. Hay tanta gente dispuesta a trabajar de uno de los oficios que considero más importantes y a la vez más peligrosos, que cada examen (físico, test, de oficio y teórico) es una pequeña maratón que me río yo de los particpantes olímpicos. Mientras tanto, cada verano va a un retén de Guadalajara. La diputación, la junta o quien demonios sea, tiene una subcontrata, la empresa en cuestión aprieta presupuestos y sólo da tres meses de trabajo. He ido varias veces a verle, de hecho Montejo está a pocos kilómetros de la provincia de Guadalajara, atravesando la sierra Pela y siguiendo por pistas se podría llegar al Cardoso y al retén de Montes Claros, que es donde él está, pero las comunicaciones entre provincias (entre Soria y Guadalajara, imagínense!) son nefastas, así que hay que dar un enorme rodeo, pasar por las provincias de Segovia y de Madrid para entrar a la comarca donde ellos se hallan. De hecho, hablé ayer con mi madre y me decía que desde Tiermes se veía el resplandor de las llamas del incendio de Guadalajara. Vuelvo al tema. En una de las ocasiones en que fui a visitarlo me dijo que estaban de elecciones sindicales. Querían presionar para trabajar más meses al año ya que, llegado junio, el riesgo de incendio ya es elevado, y no hay tiempo para hacer las tareas de prevención (corta fuegos, limpiar el bajo bosque, etc.)
A veces me despego bastante de los medios de comunicación y hasta el lunes por la mañana no me había llegado la noticia de que 11 muchachos de un retén de Guadalajara habían muerto. Leí uno a uno el nombre de los pueblos que mencionaba la noticia y el del retén, ninguno me sonaba. Iba leyendo con un nerviosismo extraño, me recordaba a mí mismo mirando los números de la lotería, pero en aquello no había azar, había, primero de todo, un pobre cretino que cometió una imprudencia, pero detrás, una infraestructura cogida con pinzas, nada que ver con el azar, sino con la estupidez, la racanería, la mezquindad.
Después de un buen rato conseguí hablar con Juan Carlos. Había visto mis llamadas y me respondió en cuanto pudo. Estaba en su retén, pero le podían haber llamado para desplazarse, de hecho estaba de guardia. Los conocía a todos, todos chavales jóvenes, como él. Han enviado a la infantería, me dijo, y continuó: espero que algo cambie, joder, esto que ha pasado ha sido muy gordo.
-Cuídate.
-Claro. Siempre, Óscar, siempre.

El gusto de las palabras

El gusto de las palabras

El día del juicio, el pastelero argumentó que si aquel mendigo se había saciado con la magnífica visión y el aroma de los pasteles que exponía en su escaparate, bien justo sería que pagara por ello. El juez dictaminó a favor y mandó al mendigo que tirara sobre la mesa las monedas que hubiera recogido aquel día.
- Puede considerarse pagado, señor pastelero, habiendo escuchado el sonido de las monedas golpeando en la madera.

Las palabras tienen distinto sabor cuando están cocinadas en el horno de la lengua y nos llegan servidas de boca a oreja. En Senegal a los cuentistas les llaman griots, y soportan con orgullo el peso de mantener la historia de las familias. Antes de que alguien se entretuviera en transcribir la Odisea, los griegos la recitaban de memoria en las plazas públicas. En Soria muchos pueblos tienen en la plaza una columna llamada rollo. Su uso suele atribuirse a las ejecuciones públicas, pero yo prefiero pensar que lo único que se ejecutaba mientras se alargaban las sombras, eran charlas inacabables a la caída de la tarde, y es por eso, y no por otra causa, que la puesta de sol se ralentiza tanto en la meseta, pues el sol no se quiere perder el final de la historia.

ANIN, associació de narradores i narradors de Barcelona, es un colectivo de cuentacuentos que mantiene el fuego encendido de la narración oral. En el número 7 de su revistaSilvano Andrés de la Morena y Carme Muñoz Gimeno recogen de viva voz unos cuentos de Cuevas de Ayllón. Con un poco de imaginación en vez de leerlos, uno puede escuchar a Antonino del Cielo giradeshebrando las historias bajo un rollo al que le crecen las ramas.

(la foto, rollo de Caracena, enlace a Pueblos de España)