Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2006.

07/11/2006

La tanguilla

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La calva es algo más que lo que los sorianos se cubren con la boina, así como la tanga (o tanguilla) no es sólo una prenda sexy si la ves e incómoda si la llevas puesta. La calva y la tanguilla son dos de los juegos más populares en las tierras de la meseta, así como el frontón (con o sin raqueta), los bolos o cualquier variedad de juegos de cartas (guiñote, mus, tute, brisca, subastao, remigio y un largo etcétera) de los que todos los vecinos tienen alguna copa correspondiente a las fiestas del pueblo de algún año. Pero estos dos son curiosos, creo, por no ser tan habituales fuera de Castilla.
Para jugar a la tanguilla se ponían los mayores en la recta que va desde el bar hasta el cruce. Los coches que llegaban entonces tenían que dar la vuelta y entrar por el otro lado del pueblo (Montejo es un pueblo muy pequeño, sólo tiene dos accesos) o esperarse a que acabara la partida.
Al administrar los recuerdos el tiempo parece embalsamado y seleccionamos aquellos instantes preferidos dándoles una preeminencia de la que tal vez carecieran en su momento. Lo cierto, sin embargo, es que trampa o no de la memoria, aquellos mediodías de domingo recién salidos de misa se respiraba vida. Ganas daban de olvidar el aburrido sermón del cura, que lo único que abría era la sed de aperitivo y chascarrillos, ganas daban de detener el tiempo en ese momento perfecto. Los hombres formaban sus grupos y organizaban los turnos con una moneda al aire, la moneda acababa junto a otras sobre la vertical del pequeño tuvo que había que derribar con los tejos. El sonido del disco del metal arañando el suelo lo utiliza Mercedes Álvarez para hacer una regresión a una escena del pasado. Yo me quedo allá, en la carretera del cruce, escuchando la algarabía que se animaba o desesperaba con cada una de las tiradas.

07/11/2006 23:07 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores Hay 1 comentario.

09/11/2006

La calva

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Aunque las expresiones de triunfo o enojo más elocuentes las tengo directamente relacionadas con el otro juego, el de la calva. Ese año los juegos se organizaron en las eras. Había carrera de sacos y piñata para los niños, bolos para las mujeres y la calva como plato fuerte para los hombres. Debía de ser el día de la fiesta grande, porque el cura merodeaba después de misa esperando el convite en casa del alcalde. La calva es un codo de madera que ha de ser derribado por las mojonas, unos cilindros de madera o metal que se lanzan desde la distancia. Lo practicaban los pastores en los calveros, terruños desprovistos de vegetación ni relieve que entorpeciera un buen tiro, y la calva no era otra cosa que la cornamenta de una res muerta. Ahí andaban los paisanos lanzando uno tras otro hasta que le llegó el turno al tío Silverio, boina calada y caliqueño en los labios. La tensión de las películas americanas cuando el bateador de béisbol necesita una carrera para dar la vuelta al marcador, era poca en comparación con la vivida en los segundos en que Silverio desató el brazo para lanzar la mojona. En seguida vimos todos, y él el primero, que su tiro iba desviado, así que antes de que llegara a destino ya se le había caído el pitillo de la boca y le salía una de sus porfiadas blasfemias: “¡ME CAGO EN…” Fue tan largo aquel instante que todos pudimos ver al señor cura, las manos cogidas a la espalda, su mirada rancia tras las gafas llevando las pupilas hacia otro lado, como si así no fuera a oír lo que venía después: “… LA MAR SALADA!” Hubo un suspiro generalizado y unas risas por lo bajo. El cura, hombre de poca fe, ya se andaba santiguando.

09/11/2006 09:08 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores No hay comentarios. Comentar.

12/11/2006

Las tabas

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Hay otro juego, sin embargo, del que no he sido testigo directo pero siempre me llamó la atención. Mientras que los niños jugaban al fútbol o al potro, las niñas se arremolinaban en el suelo para jugar a las tabas. Las tabas es una especie de juego de dados con la peculiaridad de que los dados no son tal, sino huesos del pie del cordero. Cada vez que se mataba un cordero (cosa excepcional, no vayan a creer) las niñas esperaban que tras despellejar, sangrar y descuartizar al animal, los mayores les brindasen esas piezas –astrágalo, le llaman los libros de anatomía- para ampliar su colección. Ajenas a las matanzas daban los huesos a las hormigas para que los mondaran bien y eliminasen todo resto de carne. Después podían jugar con ellas lanzándolas al aire mientras manipulaban las que habían quedado en el suelo en busca de la mejor combinación en una mezcla de juego de habilidad y de azar.

14/11/2006

Los meandros

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No había oído hablar de ellas, de las tabas, más allá de las anécdotas de mis padres, hasta que me topé con ellas. Llevábamos conduciendo horas hipnotizados por el paisaje. La tarde se dejaba vencer, podríamos habernos detenido en cualquier lugar para plantar la tienda, pero eso habría significado renunciar a otro lugar tal vez más maravilloso. Durante el viaje experimentamos una sensación parecida a la de estar en un museo lleno de joyas entre las que hay que elegir a la hora de detener la mirada, y nosotros sabíamos que el museo acabaría cerrando, nuestras vacaciones agotándose. Por fin el terreno se elevó y pudimos ver desde lo alto el río junto al que corríamos en paralelo. El terreno era totalmente plano a excepción del promontorio desde donde oteábamos el horizonte y el río se extendía en meandros imposibles, inundaba praderas y daba de beber a caballos, ovejas, yaks y cabras. Con solo mirarnos a los ojos supimos que aquel era el lugar. Puyek asintió contento por nuestra elección y en seguida se dispuso a indicarnos cuál sería la ubicación y orientación ideal para la tienda.

14/11/2006 09:40 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores No hay comentarios. Comentar.

16/11/2006

El jinete

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Ya habíamos cenado cuando llegó el jinete. El sol destellaba en paralelo al suelo, justo desde donde él llegaba, así que no lo vimos hasta que estuvo encima nuestro envuelto en un resplandor muy cinematográfico. Montaba su caballo con la correa y un urga entre las manos*. Se llegó a nosotros saludando ceremonialmente y se sentó en nuestro círculo entablando una conversación con Puyek. Era fácil distinguir el grado de respeto que infundía cada persona con sólo observar la voz y los gestos de nuestro conductor. Aunque Setumbal se hubiera acercado para vendernos airag** no era tratado como un pelagatos. Le ofrecimos tabaco, nos presentamos con nuestras tres tristes palabras mongolas y dejó de obviarnos como si de repente se hubiera dado cuenta de que no éramos de piedra, o monos, sino seres inteligentes. Empezó entonces el protocolo de hacerse entender y de buscar palabras en nuestro diccionario. Puyek disfrutaba en su papel de traductor mongol-rápido / mongol-lento salpicado de alguna palabra en español que él también iba aprendiendo. Resultó que Setumbal tenía 65 años (la esperanza de vida en Mongolia raya esa cifra), 6 hijos, un centenar de caballos, ochenta yaks, 126 ovejas y 48 cabras. Los gers que habíamos visto escampados por el río eran de su familia, los rebaños los suyos, y los pastores que los cuidaban, sus hijos. Setumbal había formado parte del ejército ruso cuando los dos países eran aliados. El vodka fue lo que le abrió la boca y empezó a deleitarnos con canciones épicas. De su andadura castrense conservaba unos prismáticos tuertos que llevaba en el zurrón y unas medallas que nos enseñaría a la mañana siguiente. Nos dijo que no tuviéramos miedo a los lobos, que él rezaba cada día a los espíritus de los ovoos: el viento, la montaña, el río, y que estaríamos protegidos. Al día siguiente nos daría la bendición para el viaje. Pero cuando estaba a punto de irse y guardó los prismáticos, vio algo en el fondo del zurrón que le hizo detenerse. Sacó una tela cerrada con un nudo, lo deshizo y dejó caer cuatro huesos de cordero.

* palo largo con un lazo con el que cogen los caballos. Urga, territorio del amor.
** leche fermentada, la bebida alcohólica tradicional de Mongolia.

16/11/2006 09:15 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores Hay 1 comentario.

20/11/2006

Shaagay

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Shaagay es su nombre en aquellas latitudes, y tiene las mismas reglas que me había explicado mi madre. La oscuridad ya se había adueñado del campamento, así que la vía láctea me llevó de nuevo a Tiermes. ¿Quién demonios había traído esos cuatro huesos a ese lugar remoto del mundo? Esa fue la primera y egocéntrica pregunta que me vino a la mente, como si no hubiera podido ser al revés, como si los hombres de Genghis Khan o el mismísimo Marco Polo no hubieran podido llevar en los bolsillos esos cuatro huesos como un juego con el que entretener las noches de su largo viaje hacia Europa, y de ahí hubiera llegado a la adormecida meseta. Más tarde seguí la pista. Ya en la Ilíada se menciona una partida de tabas (canto XI), y los romanos las llamaban Alea (suerte), de donde provendría la famosa frase: Alea jacta est! Y más tarde incluso en America Latina hay referencias del juego. También puede ser que diferentes pueblos unidos por una misma cultura ganadera hubieran desarrollado un juego de similares características. El despiece de las reses es algo natural como demostraban las niñas de Montejo al no hacerle ascos a los cuatro astrágalos, y el uso de huesos como materia prima es tan primitiva como la habilidad del homo sapiens. Si a esto le sumamos la inquietud del ser humano por ocupar el tiempo (el juego de azar), o de conocer lo que éste le depara, no tiene porque parecernos tan extraño que el mismo juego se desarrollara en lugares y momentos tan alejados.

(la fotografía: Niña jugando a las tabas, Siglo XIX, Bronce. Museo Cerralbo. Escultura tomada de una obra helenística original del s. II a. C. no conservada, pero de la que se tiene noticia a través de una copia romana.

23/11/2006

La última tirada

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Setumbal recogió los huesos de la tela, meneó el puño en el aire y los lanzó sobre el tapete improvisado con un gesto que el mismísimo Mallarmé habría envidiado. En Mongolia el shagaay no es solo un juego de azar con múltiples variantes, sino también un instrumento que en la cultura chamánica se utiliza para la adivinación (la astragalomancia fue un arte adivinatorio en la Grecia antigua, el templo a Heracles de la ciudad de Acaya contaba con un oráculo que utilizaba este método en sus artes).

No llegamos a desentrañar con exactitud la lectura que Setumbal hizo de aquellas tiradas, pero la sonrisa que tanto él como Puyek nos dedicaron valió tanto como la bendición con la que nos despidió al amanecer.

23/11/2006 09:52 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: La comarca y alrededores No hay comentarios. Comentar.




Tiermes

La comarca de Tiermes se encuentra en la provincia de Soria. Una pequeña esquina en el ancho mundo, uno de esos lugares donde todavía es fácil perderse.
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