Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2006.

03/10/2006

El caos (o no tanto)

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Me jugaría algo a que la palabra ‘destartalado’ es de origen mongol. Los edificios de estética soviética persisten en su verticalidad chata mientras sus fachadas han empezado a desintegrarse. La aluminosis también debió de nacer aquí. Las aceras y la calzada se comunican por socavones como si fueran respiraderos de la cloaca. Por la noche hay que poner ojos de gato para desentrañar entre la oscuridad (alguien habló de alumbrado público?) si el siguiente paso es seguro, nos conducirá con éxito al infierno o, en su detrimento, a un esguince de tobillo. El tráfico es un caos. Para cruzar la calle es más útil saltar detrás de alguna abuela y seguir sus pasos entre el tráfico que no cesa, que esperar encontrar un semáforo. Para más inri el parque móvil tiene el aliciente de mezclar coches soviéticos (viejos y altamente contaminantes), con otros de fabricación japonesa (Japón está invirtiendo de lo lindo por esas tierras, a ver si nos vamos a creer que occidente es el único explotador-especulador del planeta), es decir, coches con el volante a la izquierda y coches con el volante a la derecha en una ciudad donde poco importa por donde vayas, lo importante es llegar a destino esquivando a vehículos y peatones como en una máquina de marcianitos. La melodía oficial de la ciudad: el claxon; el personal: viejas ataviadas con clásicos dels, muchachas con zapatos de tacón que ignoran las trampas del suelo, lamas anaranjados fumando caliqueños, jóvenes tatuados a la última, niños harapientos, vendedores ambulantes con mascarillas de quirófano para no respirar el aire viciado…

Al parecer, cuando cayó el muro y la URSS dejó de abastecer con dinero y autoridad a Mongolia, Ullan Bator se convirtió en un lugar peligroso de la noche a la mañana. Como regalo, varios años de sequía y frío extremo acabaron con el ganado de miles de ganaderos que se vieron obligados a abandonar su vida nómada y acudir a la ciudad rodeándola de barrios de barracas. Menos de 3 millones de habitantes en un país que hace 4 veces España, y la mitad amontonados en una ciudad que no tiene capacidad para ofrecerles servicios, infraestructuras ni suministros. Actualmente, sin embargo, debe de ser más fácil que te roben en la estación de Sants que en toda la ciudad de UB (menos en el mercado, pero esa es otra historia). El progreso económico se va abriendo camino con la explotación minera y con el turismo, pero el cambio de piel, como el de los reptiles, es traumático a la fuerza.

Más tarde, cuando salimos de la ciudad y llegamos a relacionarnos con familias nómadas, ancladas al suelo lo que duran los pastos, tuvimos la sensación de que el orden estaba perfectamente delimitado en el círculo de sus gers, una tienda orientada al sur y una claraboya a las estrellas. Fuera, el espacio infinito, horizonte de olas detenidas para ser cabalgadas.


03/10/2006 08:55 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: Con los ojos abiertos No hay comentarios. Comentar.

05/10/2006

Las dunas que cantan

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El desierto te viene a buscar mucho antes de que llegues a él. En UB el viento parecía empeñado en acabar de derrumbar la ciudad. Sus ráfagas querían hacer volar las antenas parabólicas como cometas, y sus perdigonazos eran solo un preludio de la arena del Gobi que encendía nuestros ojos. Al poco de salir de UB la carretera se vuelve sendero y las cunetas de barro se cubren de hierba. Mil kilómetros de hierba a cada lado de la furgoneta. El paisaje es la imagen viva del escritorio de Windows: esa colina verde, ese cielo azul, esa nube blanca; pero sin el marco de la pantalla, sin la rutina acechando en cada legaña.
Pasaron tres días y tres noches hasta que avistamos las primeras dunas. El paisaje había ido cambiando sutilmente. Cada vez la vegetación más baja, el verde más áspero y el relieve más plano. En lugar de yaks, caballos y vacas, encontrábamos rebaños de ovejas, cabras y por fin, camellos. El agua de los pozos era cada vez más turbia, y la hierba raleaba en un suelo que se hacía terroso.
Por fin avistamos una raya blanca en el horizonte. Una línea que emergía del verde como una serpiente albina. Una cordillera de arena que iba ganando altura a cada joroba.
Cuando al día siguiente llegamos hasta sus barbas, allá donde la arena empieza a crecer, no dábamos crédito a lo que veían nuestros ojos. Un río dibujando meandros a los pies de las dunas. Una pradera preludiando el desierto. Flores naciendo en las laderas de las dunas y caballos pastando a su abrigo. Dunas que cantan.

05/10/2006 08:43 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: Con los ojos abiertos No hay comentarios. Comentar.

09/10/2006

"Ot harrod!"

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Pero no cantaban solo las dunas. Resultó que nuestro conductor, Puyek, que no hablaba ni gota de inglés, era un magnífico cantante (además de mecánico, ligón, púgil de lucha mongol y un largo etcétera). La segunda o tercera noche que acampamos bajo las estrellas compró una botella de vodka que abrió después de cenar. Fue la noche en que aprendimos que las estrellas fugaces, en Mongolia, son un mal augurio: “ot harrod…moo!” decía mientras levantaba el dedo meñique como signo negativo. Cuando le hicimos entender que para nosotros era todo lo contrario “ot harrod… sein!” se dedicó a buscar con nosotros las estrellas que huían del firmamento. Fue esa noche cuando descubrimos que sabía cantar. Mientras conducía tarareaba canciones que el ruido del motor ahogaba nada más salir de su boca, pero en el silencio de la noche su voz resonaba con unos tintes épicos capaces de hacerte temblar. “Spanien do” (canción), nos pedía al acabar, y por mi parte le cantaba la tarara de San Cipriano, el vino que tiene Asunción o Camino a Soria de Gabinete Caligari.
Aprendimos cuatro palabras de un vocabulario mongol-español que encontré en Internet, pero después de pronunciar una frase de cortesía todo eran caras de extrañeza. Puyek, que había cogido nuestro acento de tanto escuchar equivocarnos, hacía las veces de intérprete y repetía lo que nosotros decíamos pero de modo que lo entendieran los mongoles. Después repetía lo que nos respondían y nosotros debíamos interpretar, más por sus gestos que por las palabras, lo que querían decirnos.
Después de aquella noche descubrimos que para relacionarnos con las personas del país el mejor puente era la música y el vodka, que ambos abrían los corazones y las puertas de los gers. Después, cada uno hablaba en su lengua, hacíamos dibujos o hacíamos mímica para entendernos, y lo mejor de todo es que lo lográbamos. Un elemento mágico fue el de las fotos. Una amiga me había dicho que llevara fotos de mi ciudad, de mis amigos, de mi casa, y que se las enseñara cuando estuviera con ellos en la intimidad de la tienda. En todos los gers hay dos altares, uno religioso con estampas de buda, incienso y tankas, y otro con las fotos de la familia que muestran orgullosos. Cuando sacábamos nuestras fotos se quedaban embobados mirando cada detalle, pero sin duda la que más les fascinó fue la del mar: una foto en la que salgo en la orilla intentando manejar (sin éxito, pero eso no se aprecia en la foto) una caña de pescar.

Al final del viaje Puyek me dijo que iba a venir a España para ver el mar y pescar conmigo. El viaje lo iba a hacer en una estrella fugaz.


09/10/2006 09:01 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: Con los ojos abiertos Hay 2 comentarios.

11/10/2006

El perro mongol

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Una brizna de poesía.
Al cine sólo le falta desarrollar el sentido del gusto y del olfato para llevarte directamente hasta las estepas

The cave of the yellow dog

11/10/2006 09:04 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: Con los ojos abiertos No hay comentarios. Comentar.

16/10/2006

Las antípodas

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Mientras tanto otra pareja de amigos, Ricardo e Isa, había cruzado el charco para adentrarse en la Patagonia. Habíamos cruzado varios mensajes sobre la semejanza del paisaje de camino al Gobi y el suyo de camino a Tierra de Fuego. Según una historia que explicaba Wong Kar-Wai en Happy Together, si eras capaz de llegar al faro de la punta del cono sur y susurrar al viento tus pesadillas, estas se perderían para siempre, como si cayeran por la línea del horizonte dibujado en un mapa del medioevo, abismo donde las aguas se precipitan. A miles de kilómetros de distancia, sobre la estantería del café internet donde me escribía con ellos, encontré un globo terráqueo que daba la razón a Galileo, allí descubrí que Mongolia y Argentina estaban en las antípodas la una de la otra, la suela de mis botas sobre las suelas de las mis amigos con el corazón del planeta de por medio. “por favor, avisa por ahí, que si dais todos un salto a la vez aquí habrá un terremoto” me dijo Ricardo, “no te preocupes por ello. Esto está tan despoblado y hace tanto viento que si saltaran todos se irían volando, como las águilas que nos saludan al pasar” le contesté.
El mundo al revés. En el hemisferio sur apretaba el invierno, y a nosotros nos calentaba el sol del verano. Topamos con flores en el desierto y con gaviotas en un lugar donde no han visto el mar más que en postales. Las dunas cantan y las estrellas fugaces traen malos designios. Suerte que hay tantos ovoos como estrellas, y en cada uno dejamos nuestras ofrendas.

16/10/2006 09:06 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: Con los ojos abiertos No hay comentarios. Comentar.

18/10/2006

Mandala

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Fue en el ger de Jargal donde comimos unas pastas con el inevitable sabor a manteca, pero con la novedad de un gusto que recordaba al limón. Entramos a preguntar por la ruta porque Puyek andaba perdido en una región que desconocía pese a intentar hacernos creer que lo tenía todo bajo control. Después del ritual del té, de ofrecernos manteca y queso, de que le preguntáramos por su familia, su ganado y el estado de los pastos, nos ofreció este bocado que por lo rutinaria de nuestra dieta nos pareció delicioso. Un par de días más tarde, en la aridez de la estepa camino hacia el Gobi, encontramos unas hierbas que por el olor recordaban a la melisa y quisimos creer que era con ellas con las que aromatizaban sus pasteles. A partir de aquel momento prestamos mayor atención a las flores, aunque sin pretenderlo habría sido difícil no fijarse. Poblaban todo el territorio variando de forma y de color según la zona en la que estuviéramos, poco importaba la sequedad del terreno o la latitud en la que nos encontráramos. Una semana más tarde, cuando dejamos las dunas y encaminamos nuestros pasos hacia el norte llegamos por fin a una región elevada y arbórea. Apenas habíamos encontrado arbustos desde que dejamos Ullan Bator, así que fueron bienvenidos a nuestros ojos. Tserselerg está a 1600 metros de altitud, y nuestro destino estaba más al norte, en una zona de volcanes extinguidos con picos de más de 3000 metros. El termómetro descendió hasta los 5º y la lluvia se precipitó varias noches sobre nuestra tienda. En una ocasión encontramos unas piscinas naturales de aguas termales, y mientras nuestros cuerpos estaban sumergidos en el agua caliente, nuestras cabezas eran golpeadas por gotas de la lluvia. El verde adquirió un tono vivo salpicado de flores. Desde la ventanilla de la furgoneta parecía que avanzáramos a través de un mandala gigante de fondo verde bajo el cielo azul, en medio, mil estrellas de pétalos lilas, rosas, amarillos, rojos y blancos. Los olores no se quedaban cortos, y a cada nueva especie que encontrábamos agachábamos la cabeza para respirar su fragancia. Un manojo de la melisa mongola nos servía para distraer el olfato cuando íbamos a los pozos a coger agua entre las cabras y los camellos (¿habéis olido alguna vez sus pedos? ¡Son pestilentes!).
Pero el día más memorable fue cuando bajamos del valle donde habíamos dado con las piscinas termales. El rocío brillaba entre la hierba y el camino embarrado dificultaba la marcha. Puyek acostumbraba a tirar campo a través cuando el camino estaba peor que el terreno adyacente, pero el bosque de abetos era tan espeso que no podía internarse entre los árboles. Después de un buen rato de baches y derrapadas llegamos a un prado donde nos detuvimos para estirar las piernas. Alguien me había dicho que en Mongolia era fácil encontrar edelweiss, y Xavi me había traído una de cuando fue al Himalaya, pero no podía creer que todas aquellas flores blancas que me rodeaban fueran la mítica flor de la nieve. En el Pirineo y en los Alpes es difícil encontrarlas, hemos acabado con ellas, me había dicho Xavi, y allá crecían como margaritas de deseos inagotables.

18/10/2006 12:14 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: Con los ojos abiertos No hay comentarios. Comentar.

19/10/2006

Apaga y vámonos

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Disculpen la interrupción de este pequeño diario mongol (que por otro lado está llegando a su fin), pero es que a veces la actualidad te ofrece unas perlas que no puedes obviar:

1ª- “Bush aprueba un documento por la hegemonía de EEUU en el espacio.” Lo que me pregunto es con quién ha firmado ese documento, ¿consigo mismo? Dice el periodista de la Vanguardia que el tono del documento es el mismo de aquel otro firmado después del 11-S respecto a los ataques preventivos y todos esos palabros eufemísticos de nueva creación.

2ª – “El antidarwinismo se asoma en Europa” ¿Saben de qué va eso? Es una corriente extendida entre los cristianos evangélicos de los EEUU que consiste en negar la validez científica de la teoría de la evolución de Darwin y tratar de retirarla de las escuelas o igualarla a otras teorías (y lo han conseguido en varios estados), como la del creacionismoo, también conocida como la teoría del diseño inteligente, es decir: Adán y su costilla Eva. Sí, sí, lo han leído bien. Pues resulta que el debate [sic.] ha llegado a la Eurocámara. ¿Y quién trajo el debate? El polaco Maciej Giertyj (no se pierdan el enlace), el mismo que en julio pasado hizo una encendida defensa del franquismo. En definitiva, una bellísima persona.

Y digo yo que si con la hegemonía yanki en el espacio cualquier día nos dirán que han dado con el diseñador inteligente del universo (en vista de los resultados, poco inteligente) y nos lo tenemos que creer, como aquello de las armas de destrucción masiva. Con lo que me costó entender a mí lo de la teoría de Darwin… eso sí, la del Génesis es mucho más fácil, sólo que puestos a que me hagan trucos de magia prefiero los del mago Tamariz. ¿No le ven un cierto parecido al Tío Sam, pero en simpático?

De las elecciones catalanas mejor no hablamos. Estoy esperando a que salga el DVD de CiU en el top manta para pillármelo. Me han dicho que te entran ganas de votar.
No a ellos, claro.

A mí que me busquen en Tiermes, o en Mongolia.

20/10/2006

BSO

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Volviendo a Mongolia, y para quitarnos el mal sabor de boca, en el desierto no sólo cantaban las dunas. En el MP3 llevaba mi propia banda sonora, y aunque las espinas del Gobi no besaban, la música de Lhasa les quedaba muy bien.

He venido al desierto pa irme de tu amor
Que el desierto es más tierno y la espina besa mejor
He venido a este centro de la nada pa gritar
Que tú nunca mereciste lo que tanto quise dar.


¿Dónde tentrá que irse Marta Nebot para olvidar la cara del infame?

20/10/2006 20:50 Autor: tiermes. Enlace permanente. Tema: Con los ojos abiertos Hay 1 comentario.




Tiermes

La comarca de Tiermes se encuentra en la provincia de Soria. Una pequeña esquina en el ancho mundo, uno de esos lugares donde todavía es fácil perderse.
Y lo más difícil, encontrarse




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